lunes, 3 de marzo de 2014

Listado de películas sobre la Segunda Guerra Mundial (II): cine bélico



-Stalingrado (Joseph Vilsmaier, 1993). Quizás su mayor virtud resida en ser una película alemana, lo que le brinda un punto de partida más propenso a la empatía con esos pobres diablos que combatieron por Alemania y que, aunque cada vez menos, suelen ser presentados de un modo deshumanizado -o abstracto en el mejor de los casos- en el cine extranjero.

-El paciente inglés (Anthony Minghella, 1996).

-Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998).Una película apabullante y un claro referente del género. No hay idealización de la guerra, sino realidad pura y dura. Spielberg no se conforma con contar una historia, sino que introduce al espectador en el film, ya sea en una lancha de desembarco en la que se masca la tensión previa al combate; en ese campo de muerte en el que se convierte la playa de Omaha; o en la compañía de un pelotón de rescate que comparte con nosotros sus preocupaciones y dilemas: ¿Es justo que desde un despacho alejado de la guerra se decida arriesgar la vida de ocho soldados para salvar a uno? Un film sencillamente espectacular.

-La delgada línea roja (Terrence Malick, 1998). Película que hubiera sido brillante si finalizase en un punto álgido que tiene lugar, más o menos, media hora antes de su final.

-U-571 (Jonathan Mostow, 2000). Perteneciente al subgénero de submarinos, es un film convencional y notablemente inferior a Das Boot, pero más atractivo para el espectador casual ávido de entretenimiento.

-Charlotte Gray (Gillian Armstrong, 2001).

-Enemigo a las puertas (Jean-Jacques Annaud, 2001). Ambientada en la batalla de Stalingrado, recrea el duelo que, en teoría, protagonizaron los francotiradores Vasili Zaitsev y Heinz Thorvald. Brillante arranque, ambientando magistralmente la precaria realidad de los soldados soviéticos en el momento de la lucha.

-Pearl Harbor (Michael Bay, 2001). No sabría decir si es la película bélica más floja del siglo, o el dramón romántico mejor ambientado de todos los tiempos. Excesiva en todos los sentidos, sobre todo en lo que a duración se refiere.

-La mandolina del capitán Corelli (John Madden, 2001).

-Windtalkers (John Woo, 2002).

-La guerra de Hart (Gregory Hoblit, 2002). 

-El hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004). Film que retrata con rigor los últimos días de Hitler en su bunker del Berlín asediado por las tropas soviéticas.

-Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima (Clint Eastwood, 2006) son las dos caras de una misma moneda. En ambas se trata la batalla de Iwo Jima, asumiendo el punto de vista estadounidense y japonés respectivamente. En mi opinión, el guión de la segunda es bastante superior.

-Valkiria (Bryan Singer, 2008). A mi juicio nos encontramos ante una película infravalorada. Es cierto que en ocasiones se ve falta de espectacularidad, quizás por no contar con un presupuesto desorbitado. Pero es un film de factura notable, con una trama bien desarrollada que se sigue con interés.


-Maditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009). Revisión tarantiniana del género bélico ambientado en la Segunda Guerra Mundial, combinando el estilo de los clásicos con su sello personal. De histórica tiene poco, pero la ambientación es sublime y, como todas las películas del director, cuenta con grandísimos personajes como el coronel nazi Hans Landa, carismático y abominable a partes iguales.

-Silencio en la nieve (Gerardo Herrero, 2011). No es una película bélica, sino un thriller protagonizado por el soldado Andrade, encargado de investigar una serie de asesinatos entre los combatientes de la División Azul. Un film correcto y valiente, pero demasiado sobrio y, quizás, tan frío como su ambientación.



-Monuments men (George Clooney, 2014). Un grupo de historiadores y expertos en arte recibe la misión de recuperar las obras de arte robadas por los nazis, para devolverlas a sus legítimos propietarios.


lunes, 24 de febrero de 2014

Listado de películas sobre la Segunda Guerra Mundial (I): cine bélico



Es tal la infinidad de películas, series y documentales basados en la II Guerra Mundial, que sería imposible recogerlos todos. Es por este motivo que en esta y siguientes entradas vamos a anotar los clásicos, en especial los pertenecientes al género bélico, aunque también algún drama y thriller. Por ello, series y películas centradas en otros grandes subgéneros -como el Holocausto- serán tratadas más adelante.

-El gran dictador (Charles Chaplin, 1940).

-Casablanca (Michael Curtiz, 1942). Drama ambientado en la ciudad marroquí que le da título, un lugar donde convergen todo tipo de huidos del nazismo. Establecido en ese lugar de paso, Rick, propietario del Rick's Café, se reencontrará con Ilsa -su antigua amante- y su marido, Victor Laszlo, líder de la resistencia checa y perseguido por la Gestapo.

-Días de gloria (Jacques Tourneur, 1944). 

-Objetivo: Birmania (Raoul Walsh, 1945). Notable película, realizada durante la II Guerra Mundial y de carácter propagandístico.

-Roma, ciudad abierta (Roberto Rossellini, 1945).

-Rommel, el zorro del desierto (Henry Hathaway, 1951). Film correcto, curioso si tenemos en cuenta que se trata de uno de los primeros biopics de la Segunda Guerra Mundial y, para más señas, estadounidense. En él se recoge la última fase vital de Erwin Rommel (James Mason), desde su desengaño con Hitler hasta su implicación en el complot del 20 de julio de 1944 (cuestión que todavía en nuestro tiempo es fruto de debate).

-Las ratas del desierto (Robert Wise, 1953).

-De aquí a la eternidad (Fred Zinnemann, 1953). Un clásico de vidas entrecruzadas, ubicado en Hawai a finales de 1941.

-Embajadores en el infierno (José María Forqué, 1956). Película sobre los prisioneros de la División Azul en la Unión Soviética en los años que siguen a la Segunda Guerra Mundial. Basada en el libro homónimo del Capitán Palacios, se trata de un producto típico del cine franquista, claramente apologético y propagandístico, donde se ensalza el ideario falangista de unos hombres impasibles ante la crueldad de sus demonizados guardianes soviéticos.

-El puente sobre el río Kwai (David Lean, 1957). Magnífica historia sobre un puente levantado por prisioneros británicos en el río Kwai (Tailandia) y de un grupo de comandos encargado de volarlo.

-Los cañones de Navarone (J. Lee Thompson, 1961). Cine bélico puro y duro. Un comando británico debe acabar con la fortaleza de Navarone, escollo para las operaciones navales aliadas en el Egeo.

-El día más largo (Ken Annakin, Andrew Marton y Bernhard Wicki, 1962).

-La gran evasión (John Sturges, 1963). Un clásico en toda regla, basado en la historia real de seiscientos soldados y oficiales aliados que prepararon su fuga de un campo de prisioneros nazi. Muy entretenida.

-El tren (John Frankenheimer, 1964).  Brillante película que abre un debate entre el valor de la vida humana y el arte como patrimonio de la humanidad. Una película honesta y que dignifica a la clase trabajadora, personificada en esos maquinistas franceses que sacrifican sus vidas por unas pinturas que no comprenden.

-La noche de los generales (Anatole Litvak, 1966). Thriller ambientado en la II Guerra Mundial, con un brillante Peter O'Toole, cuya interpretación es la mitad de la película. Muy interesante.


-Doce del patíbulo (Robert Aldrich, 1967). Buen reparto y una historia original: el indisciplinado comandante Reisman deberá infiltrarse en territorio enemigo para asaltar una fortaleza donde se hospedan altos cargos nazis. Para ello contará con la ayuda de doce presidiarios, a los que previamente deberá adiestrar.

-El desafío de las águilas (Brian G. Hutton, 1968). Un clásico. Entretenido film sobre un comando encargado de rescatar a un general prisionero de los alemanes.

-La batalla de Berlín (Liberación) (Yuri Ozerov y Julius Kun, 1969).

-La batalla de Inglaterra (Guy Hamilton, 1969).

-Tora! Tora! Tora! (Richard Fleischer, Kinji Fukasaku y Toshio Masuda, 1970). Milimétrica recreación del ataque sorpresa japonés contra Pearl Harbor.

-Patton (Franklin J. Schaffner, 1970). Interesante biografía de George S. Patton.

-Los violentos de Kelly (Brian G. Hutton, 1970). Genial, divertida y plagada de personajes memorables, como Oddball (Donald Sutherland). Su profunda ironía la convierte en una sátira de la II Guerra Mundial.

-Un puente lejano (Richard Attenborough, 1977).

-La cruz de hierro (Sam Peckinpah, 1977). Grandiosa película, una de las mejores sobre el conflicto. Cuenta con la originalidad de centrarse en los soldados alemanes que combaten a la defensiva en la península de Crimea contra las tropas soviéticas, lo cual no es frecuente tratándose de una producción británica. Peckinpah imprime su sello personal, tanto en las muertes a cámara lenta como en su habitual toque crepuscular. A destacar el antagonismo entre el sargento Steiner y el vanidoso capitán Stransky. El primero, un hombre que solo sirve para luchar en el fango. El segundo, un aristócrata prusiano vanidoso y cobarde que solo quiere conseguir la medallita que da nombre al film.

-Das Boot (Wolfgang Petersen, 1981). Magistral y claustrofóbica película que narra la historia de la tripulación de un submarino alemán. Un claro referente del subgénero, y nunca mejor dicho, de submarinos. No obstante, abstenerse aquellos que busquen un film comercial y de puro entretenimiento.


-Evasión o victoria (John Huston, 1981). Película correcta, que pretende seguir la estela de La gran evasión. Cuanto menos, entretenida. Basada en la historia del FC Start, si bien la ambientación en un campo de prisioneros fue cosa del guión.

-Masacre: ven y mira (Elem Klimov, 1985).

-Los panzers de la muerte (Gordon Hessler, 1987). Película basada en los escritos de Sven Hassel. Pasable entretenimiento.

-El imperio del sol (Steven Spielberg, 1987). Es una película bonita, aunque narra una historia dura, la de un niño (Christian Bale) de clase alta al que la guerra separa de sus padres.

-La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata, 1988). Película de animación, que narra la historia de los hijos de un oficial de la marina japonesa.


Continúa en:

Listado de películas sobre la Segunda Guerra Mundial (II): cine bélico

Listado de películas sobre la Segunda Guerra Mundial (III): cine sobre el Holocausto

miércoles, 12 de febrero de 2014

Napoleón Bonaparte (III): Los Cien Días





Viene de: Napoleón Bonaparte: el emperador de Francia (1808-1814)

La restauración borbónica en la persona de Luis XVIII no tardó en perder su inicial apoyo popular. El mito de Napoleón comenzó a acrecentarse nuevamente y éste, bien informado de la situación a pesar de su exilio, regresó a Francia. El 1 de marzo de 1815 desembarcaba junto a su guardia personal (menos de un millar de soldados) en las cercanías de Cannes. En su avance hacia París, recurrió a sus habituales arengas, ganando adeptos allá por donde pasaba. Los campesinos se sumaban a su causa, al tiempo que las tropas enviadas por Luis XVIII desertaban para unirse a su marcha hacia el norte. El 14 de marzo, las tropas del mariscal Ney interrumpían el paso a Napoleón y sus hombres. El Emperador, para evitar un baño de sangre, avanzó hacia las tropas que le apuntaban y, cómo no, recurrió a las palabras. Nuevamente, aquellos que tenían por misión detener al emperador, cayeron rendidos ante su presencia, con su mariscal incluido.

De este modo, el 20 de marzo, Napoleón entraba en el Palacio de las Tullerías sin haber recurrido a la violencia. Pero era consciente de que los tiempos habían cambiado. Aunque en general tenía el apoyo de los franceses, éstos no deseaban más guerras. Por tanto, lejos de buscar el conflicto con sus habituales enemigos, Napoleón trató de garantizar que no quería otra cosa que la paz. La respuesta de los aliados no pudo ser más contundente: formaron la Séptima Coalición (Gran Bretaña, Austria, Rusia y Prusia) y declararon la guerra a la persona de Napoleón -que no a Francia-.

Una formidable maquinaria bélica se ponía en marcha contra Francia, y Napoleón, haciendo gala de su habitual iniciativa, se percató de que una batalla decisiva sería la única esperanza. En Bruselas se encontraba el británico Wellington, apoyado en su ala izquierda por el prusiano Blücher. Los ejércitos austriaco y ruso (éste último concebido como reserva) aún se encontraban demasiado lejos como para constituir una amenaza. Un golpe devastador contra los ejércitos de Wellington y Blücher podrían suponer el fin de la guerra...

Napoleón cosechó dos victorias importantes en Quatre Bras y Ligny. En esta última batalla, las tropas prusianas del viejo mariscal Blücher sufrieron una buena paliza, pero la fallida persecución francesa no convirtió la batalla en una victoria decisiva. Las tropas prusianas huídas consiguieron reagruparse, por lo que seguían constituyendo una amenaza. El emperador envió a un tercio de sus hombres en su persecución, al mando del mariscal Grouchy.

El 18 de junio tenía lugar la batalla de Waterloo. Wellington adoptó una posición defensiva, dejando a sus espaldas un área boscosa. Napoleón interpretó este hecho como un mal paso, pero Wellington sabía lo que se hacía, pues casualmente había reconocido la zona meses antes. Su única esperanza consistía en ganar tiempo hasta la llegada de Blücher en su ayuda, cosa que al comienzo de la batalla pendía de un hilo.

La batalla acabó como es bien sabido. Grouchy no consiguió alcanzar la retaguardia prusiana, y Blücher logró llegar al campo de batalla en ayuda de Wellington. La línea de la Vieja Guardia francesa, la tropa de élite del emperador, acabó rota, acabando con toda esperanza. Los errores de Ney, las lagunas del plan de un Napoleón cansado y enfermo a causa de sus problemas estomacales, y la lentitud de Grouchy, abocaron a su fin a la causa imperial. Es cierto que Waterloo, en un sentido militar, pudo no ser tan determinante como se cree. Muchas de las tropas lograron reagruparse, a lo que hay que sumar los hombres de Grouchy. Sin embargo, Napoleón perdió todos sus apoyos en París y se vio obligado a abdicar el 22 de junio. Sus esperanzas de exiliarse en los Estados Unidos e incluso en Gran Bretaña se vieron truncadas, acabando confinado por los británicos en la isla de Santa Elena.


FUENTES


CHANDLER, D.: Las campañas de Napoleón. Un emperador en el campo de batalla, de Tolón a Waterloo (1796-1815). Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Fusil de asalto AK-47: Kaláshnikov, el enemigo de occidente


Mijaíl Kaláshnikov. Fuente: www.kremlin.ru.

Es el arma más famosa del mundo. Creado por Mijaíl Kaláshnikov, el nombre completo de este fusil de asalto es Avtomat Kaláshnikova modelo 1947, en referencia al año en el que culminó el diseño de su arma. Kaláshnikov había sido comandante de tanque durante la Segunda Guerra Mundial hasta que, herido en combate, fue enviado al hospital en 1942. Los demás heridos solían quejarse de los fusiles soviéticos, y a Kaláshnikov comenzó a rondarle la idea de diseñar un arma. Para 1947 ya era el arma estándar del ejército soviético.

La clave de su éxito reside en su fácil utilización y eficacia ante cualquier situación o inclemencia. Su calidad dejaba en evidencia al fusil de asalto estadounidense M16: mayor capacidad de cargador (30 balas por cargador frente a 20) y calibre (7,62mm contra 5,56mm) pero, sobre todo, fiabilidad: el M16 tendía a encasquillarse por la humedad o el barro. Tal es así, que en un medio como la selva de Vietnam, muchos soldados americanos abandonaban sus M16 y empleaban los AK-47 capturados a los vietnamitas. No obstante, el AK-47 también tenía sus inconvenientes en esta pugna: la mayor potencia de su calibre implicaba menor precisión.


En definitiva, el AK-47 es un arma robusta, casi indestructible. Su durabilidad y bajo costo la han llevado a los lugares más recónditos del mundo, fabricada bajo licencia en más de treinta países.

Mijaíl Kaláshnikov moría el pasado mes de diciembre de 2013, avergonzado por su creación. Durante toda su vida la había defendido con orgullo, pero ese sentimiento dio paso a la amargura ante el uso que se hacía de su arma, diseñada para defender a la Unión Soviética, y no para ser empleada en matanzas y guerras civiles a lo largo del mundo. En 2008, a causa del empleo de su arma por grupos terroristas y niños soldados, afirmó: "Es triste para mí cuando elementos criminales de todo tipo disparan con mi arma". Se estima que cada año mueren unas 250.000 personas por fuego de su fusil de asalto.




FUENTES


RT Actualidad, 24 de diciembre de 2013

La Vanguardia, 13 de enero de 2014

lunes, 20 de enero de 2014

Los mariscales de Napoleón (I): Michel Ney, el más valiente entre los valientes


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Michel Ney (1769-1815) fue uno de los mariscales más aguerridos de Napoleón. Duque de Elchingen y Príncipe del Moscova, Ney no se formó en academia militar alguna, sino que se alistó en el 5º Regimiento de Húsares en 1787, junto al cual combatió en la Revolución Francesa en el bando revolucionario. Consiguió el ascenso a teniente tras la batalla de Valmy en 1792 y, desde entonces, comenzó a lograr fama por su coraje. Sin embargo, las carencias en su formación militar serán, a la postre, su perdición.

No obstante, esa carencia no le impidió elaborar una meteórica carrera militar apoyada en la valentía, la iniciativa y un gran conocimiento de la caballería: capitán en 1794, general de brigada en 1796 y general de división en 1799. En 1802 recibió el mando de las tropas acantonadas en Suiza como Ministro Plenipotenciario para los Asuntos Helvéticos. Contrario en un principio a Napoleón, los vínculos entre su esposa y la hija de Josefina propiciaron un encuentro entre Ney y Napoleón del que ambos salieron fascinados. De este modo, en 1804 el Emperador lo convirtió en Mariscal del Imperio. Al mando del VI Cuerpo de Ejército de la Grande Armée desempeñó un gran papel en las guerras contra Austria y Prusia, participando en batallas como Elchingen, Jena o Eylau.

En 1808 luchó brevemente en las campañas de España y Portugal y, en 1812, en la campaña de Rusia. Su participación en las batallas de Smolensk y Borodino al mando del III Cuerpo de Ejército quedó en un segundo plano tras su increíble hazaña en la retirada francesa. Ocupando con su III Cuerpo la retaguardia gala, Ney plantó cara ante los innumerables ataques de la caballería cosaca en una espectacular huida, logrando escapar de una muerte casi segura y presentándose ante Napoleón, el cual, sorprendido, lo bautizó como el "más valiente entre los valientes".

El mariscal Ney apoya a la retaguardia en la retirada de Moscú, Adolphe Yvon.

Tras la derrota en Rusia y la terrible situación en España, Francia había perdido la iniciativa. Ahora el territorio patrio y la mismísima capital francesa se veían amenazados en la Campaña de los Seis Días. En ese momento, perdida toda esperanza, Ney aconsejó a su Emperador la abdicación y, una vez éste partió hacia la isla de Elba, confraternizó con la causa borbónica.

A Napoleón la isla mediterránea se le hacía pequeña, y su ambición le llevó a regresar para ocupar nuevamente su trono, desembarcando con un millar de partidarios en el sur de Francia el 1 de marzo de 1815. Ney fue enviado por Luis XVIII para detener a Bonaparte, y con prometió con arrogancia llevarlo a París metido en una jaula. El 14 de marzo, en las cercanías de Auxerre, se producía el encuentro y las tropas de Ney, ante la presencia de su antiguo Emperador, desertaron en masa. Ney, ante aquel espectáculo, volvió a quedar cautivado por la aureola de Napoleón, fundiéndose ambos en un abrazo.

Su participación en la batalla de Waterloo está cargada de controversia. La carga de caballería que lideró, no autorizada por Napoleón, debió de ser impresionante, pero el hecho de no contar con apoyo de infantería y artillería montada convirtió el ataque en una matanza a manos de la infantería británica, que había formado en cuadro. Este mal paso dejó a Napoleón en una situación crítica ante la llegada del ejército prusiano. Una carga de gran valentía pero mal ejecutada, que pone en entredicho su capacidad como comandante.

El resultado de la batalla es bien conocido. Fue el final de Napoleón, que acabó sus días en un nuevo exilio, esta vez en Santa Elena. Por su parte, el mariscal Ney fue sometido a juicio y condenado a muerte, siendo fusilado el 7 de diciembre de 1815. Hay quien dice que la ejecución fue una pantomima y que en realidad se salvó de la muerte por su condición de Masón, huyendo a los Estados Unidos de América, donde viviría como Peter Stuart Ney hasta su muerte en 1846.


FUENTES


CHANDLER, David: Las campañas de Napoleón. Un emperador en el campo de batalla, de Tolón a Waterloo (1796-1815). Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.


martes, 7 de enero de 2014

El FC Start: El equipo de fútbol que prefirió morir a dejarse ganar

La Segunda Guerra Mundial es un periodo complejo que entraña multitud de historias y anécdotas dignas de escuchar. Si hay una temática histórica que apasiona a buena parte de la sociedad es precisamente la Segunda Guerra Mundial. Para muestra, un botón: visiten cualquier librería, y podrán observar la ingente cantidad de publicaciones, académicas y divulgativas, que tratan sobre la misma desde infinidad de puntos de vista. En definitiva, en tan basto granero de anécdotas, hay lugar para todo y, cómo no, para el heroísmo. Darío Rodríguez nos trae una de esas interesantísimas historias a las que nos referimos, no demasiado conocida, aunque sorprenderá a más de uno saber que inspiró una película tan célebre como Evasión o Victoria.


Darío Rodríguez González
Licenciado en Historia




Hoy toca hablar de fútbol, pero no de un Madrid-Barcelona o un Sporting-Oviedo, sino de un partido jugado en plena II Guerra Mundial, en el cual lo que estaba en juego no eran 3 puntos o un título, sino la vida. 

Corría el año 1941 cuando la ciudad de Kiev fue ocupada por los nazis. Al igual que en otras ciudades dominadas por el ejército alemán, la capital ucraniana se convirtió en un infierno, poblada por cientos de prisioneros de guerra, y entre ellos, Nikolai Trusevich, meses antes portero estrella del Dinamo de Kiev. Un panadero alemán le descubrió y lo rescató, dándole techo, comida y un trabajo en la panadería, pero le encomendó una labor aún más importante, reunir a sus ex-compañeros del Dinamo.

La Historia es digna de película, el portero recorrió lo poco que quedaba de ciudad, y entre heridos y mendigos fue descubriendo, uno a uno, a sus amigos del Dinamo. El panadero les dio trabajo a todos, incluidos tres futbolistas rusos, antes enemigos del Dinamo. En pocas semanas, la panadería escondía entre sus empleados a un equipo completo.

Una vez reunido el equipo, solo quedaba jugar, y fue así como nació el FC Start. Gracias a los contactos de amigos alemanes del panadero, el Start comenzó a jugar contra guarniciones de distintos países. El 7 de junio de 1942, jugaron su primer partido en la liga local. El primer oponente del FC Start fue el Rukh. Pese a su evidente desnutrición y a trabajar sin descanso en la panadería la noche anterior, vencieron por un contundente 7- 2. Su siguiente partido fue contra una selección húngara formada por soldados de este país, y los ‘panaderos’ ganaron 6-2. Luego le metieron 11 goles a un equipo rumano. El gran partido se produjo el 17 de julio cuando se enfrentaron a un equipo del ejército alemán y lo golearon por 6 -0. Muchos nazis empezaron a molestarse por la creciente fama de este grupo de panaderos y le buscaron un rival que pudiera hacerles frente y batirles. Éste fue el MSG húngaro que llegaba con la misión de derrotarlos, pero el FC Start lo apalizó con un humillante 5-1, y más humillante fue aún cuando los húngaros pidieron la revancha y volvieron a perder 3-2.

Los alemanes no podían permitir por más tiempo que un equipo de panaderos se pasease por los terrenos de juego, por lo que prepararon un conjunto con miembros de la Luftwaffe, el denominado Flakelf. Los nazis, una vez más, fracasaron, el Start les aplastó con un 5-3. El equipo de Hitler había caído. Ésta última derrota despertó todas las alarmas entre los alemanes, por lo que los soldados se pusieron a investigar, y descubrieron la ‘trampa del panadero’. Descubierta la tapadera, la orden  fue clara, matarlos a todos, pero antes, debían ganarles, no querían dejar la imagen de asesinos perdedores. La raza aria era superior siempre, y más en el deporte.

El partido se disputaría el 9 de Agosto, en el estadio Zénit de Kiev.  Un oficial de las Waffen-SS fue nombrado árbitro. Antes del choque, entró en el vestuario y dijo en ruso: “soy el árbitro, respeten las reglas y saluden con el brazo en alto”, exigiéndoles que hicieran el saludo nazi.

El  FC Start (Football Club Start) estaba integrado por ocho jugadores del Dinamo Kiev (Mykola Trusevych, Mikhail Svyridovskiy, Mykola Korotkykh, Oleksiy Klimenko, Fedir Tyutchev, Mikhail Putistin, Ivan Kuzmenko y Makar Goncharenko), y tres jugadores del Lokomotiv Kiev (Vladimir Balakin, Vasil Sukharev y Mikhail Mielnizhuk). Una vez saltaron al campo, los futbolistas del Start (camiseta roja y pantalón blanco) alzaron el brazo, pero en el momento del saludo se lo llevaron al pecho y en lugar de decir “!Heil Hitler¡”, gritaron”!Fizculthura¡”, un eslogan soviético que proclamaba la cultura física. Los alemanes (camiseta blanca y pantalón negro) se adelantaron en el marcador, pero el Start logró remontar y al descanso se llegó con un 3-1.

En el descanso se repitieron las visitas, pero esta vez las amenazas por parte de los nazis fueron más duras :“si ganan, no queda nadie vivo”. Los jugadores del Start, aterrados, se plantearon no salir al segundo tiempo. Pero pensaron en sus familias, en los crímenes que se cometían, en lo que ellos habían sufrido, en el riesgo que había corrido el panadero, en la gente sufrida que en las tribunas gritaba por ellos. Y volvieron al césped. La segunda parte fue una oda al fútbol. Como se dice vulgarmente, ‘bailaron a los alemanes’.  En los últimos minutos del partido, cuando el marcador reflejaba un 5-3 a favor del Start, el delantero Klimenko encaró mano a mano al portero, lo regateó con facilidad y elegancia, y cuando quedó solo sin oposición, a escasos centímetros de la portería, dio media vuelta y despejó la pelota hacia medio campo. Fue un gesto de desprecio, de burla, de superioridad total. El estadio se vino abajo. Viendo la humillación que sus compatriotas padecían en el césped, el árbitro decretó el final del partido antes de cumplirse el minuto 90 con el resultado de 5-3.

Al día siguiente en todo Kiev se hablaba del partido, en cualquier rincón se comentaba la hazaña de los ‘panaderos’. Dada la popularidad del encuentro los nazis decidieron dejarles una ‘tregua’. Tal es así que el START, pocos días después, volvió a jugar, y por supuesto ganar, otro partido contra el Rukh, el resultado, 8-0. 

Pero la tregua finalizó, y los nazis acudieron a la panadería. El primero en morir torturado fue Kortkykh. Los demás fueron arrestados y enviados a los campos de concentración de Siretz. Allí mataron brutalmente a Kuzmenko y Klimenko. Se dice que Trusevich, el portero, murió con la camiseta puesta.

Los únicos que corrieron distinta suerte fueron Goncharenko y Sviridovsky, que no estaban en la panadería, por lo que lograron sobrevivir, escondidos, hasta la liberación de Kiev en noviembre del '43. El resto del equipo fue torturado hasta la muerte.

La Historia ha definido este partido como el Partido de la Muerte. A día de hoy, todo aquel que posea una entrada de aquel partido, tiene entrada gratis en el estadio del Dinamo de Kiev. Les torturaron, les mataron, pero su recuerdo aún pervive en la capital ucraniana. Una estatua se erigió en el estadio, recordando a los héroes del START. Los "panaderos" que nadie pudo vencer.


FUENTES



lunes, 23 de diciembre de 2013

Dos caminos diferentes: la Primavera Árabe y el Movimiento de los Indignados de Occidente

Enlazando con su primera entrada sobre el papel de las NTIC en los movimientos sociales, Sergio nos brinda una nueva aportación donde analiza la dicotomía  existente entre la llamada Primavera Árabe y el Movimiento de los Indignados en las democracias occidentales, con el 15-M como máximo exponente.


Sergio Delgado
Licenciado en Historia


Plaza de Tahrir tras la dimisión de Mubarak, febrero de 2011. Autor: Jonathan Rashad.








En el anterior artículo traté de buscar el origen de las nuevas formas de actuación y organización de la nueva oleada de movimientos de contestación social surgida en 2011. Para ello me remonté a la última década del siglo XX, encontrando una línea de continuidad que comenzaría en el movimiento zapatista, pasaría por el movimiento antiglobalización y llegaría hasta la actualidad a través de estos nuevos movimientos. En el presente texto, se intentará concretar la naturaleza de los mismos, ya que en ellos encontramos dos caminos distintos, dos motivaciones diferentes. Es muy común, especialmente en los medios de comunicación, enlazar y relacionar las protestas surgidas en el norte de África y Oriente Medio, que han sido calificados en su conjunto como la Primavera Árabe, con los distintos movimientos sociales surgidos a partir del 15M. Sin embargo, estos movimientos han de diferenciarse, ya que aunque sí estén conectados, se basan en un contexto político y condiciones sociales diferentes.

Mucho se ha escrito y dicho sobre la inspiración que supuso la Primavera árabe, especialmente la revuelta egipcia, para la aparición del movimiento 15M y de otros movimientos surgidos a partir del 15 de mayo de 2011. Sin embargo, y pese a ser en parte cierta esta apreciación, ha de concretarse la naturaleza de esta influencia. La Primavera Árabe sirvió principalmente de ejemplo práctico, generador de un ejemplo motivador, pero sólo se quedó en eso, en un modelo que no fue más allá de su capacidad para generar motivación, como fue el ejemplo de la ocupación de las plazas. Y es que es fácil enlazar en lo aparente ambas tendencias, pero no lo es así en su discurso, en la sustancia que da sentido al hecho y lo conforma. Ésta es una cuestión ya apreciada por otros autores, como Jesús Casquete, que subraya que "en dichos países la población ha salido a la calle exigiendo democracia, mientras que entre nosotros la demanda ha sido la de una mejor democracia. La diferencia es tan sustancial como para tomar en cautela la comparación y no confundir morfología con sustancia". 

Puerta del Sol, 2011. Fuente: http://fotograccion.org/

La primera que debemos tener en cuenta respecto a la Primavera Árabe, son las motivaciones iniciales y fundamentales del inicio de las protestas, que son bastante claras en sus casos principales, ya que están basadas en un contexto político nacional muy similar y que en nada tiene que ver con el de los movimientos aparecidos después del 15M español: una dictadura militar apoyada por los regímenes occidentales que se prolonga en el tiempo. En consecuencia, la principal exigencia de la Primavera Árabe es el fin de las largas dictaduras que vivían o viven sus países, y la instauración de un régimen democrático basado en un sistema electoral al estilo europeo o americano.

Si nos acercamos a los textos o manifiestos iniciales de movimientos como el 15M o el Occupy Wall Street, vemos cómo esa diferencia adquiere una dimensión aún más importante. En ellos podemos apreciar una ausencia de esperanzas de que ninguna de las actuales instituciones u organizaciones, sean agentes capaces de protagonizar un verdadero cambio. Por ello, estos textos están dirigidos directamente al pueblo como sujeto. Un protagonista que debe representar de manera independiente ese cambio. Sin embargo, en la Primavera Árabe las esperanzas estaban o están depositadas en una transformación de las instituciones que propicien un cambio político hacia un régimen democrático al estilo occidental, y que ha auspiciado que algunas organizaciones o personas que apoyaban estas movilizaciones tomasen el poder. El caso más claro al respecto es Egipto, donde las revueltas de enero de 2011 llevaron hasta el gobierno, a través de unas elecciones democráticas, a los Hermanos Musulmanes. 

La respuesta en Occidente de gobiernos, partidos políticos y medios de comunicación hacia la Primavera Árabe es otra de las pistas que nos hacen vislumbrar la diferente naturaleza de ambas tendencias. Bajo el punto de vista de estas organizaciones, las movilizaciones y pretensiones de las revueltas eran entendibles y admisibles, siendo rápidamente apoyadas. Caso muy diferente presenta lo sucedido desde la aparición del 15M. Los mismos medios y gobiernos que apoyaron unas revueltas, eran ahora incapaces de entender las movilizaciones que tenían lugar en sus propios territorios, e incluso algunos de ellos las condenaron y reprimieron.

Por todo ello, los movimientos surgidos a partir del ejemplo español adquieren una intencionalidad transformadora mucho mayor, atacando incluso la ensalzada democracia occidental. Generando así, y por primera vez en varias décadas, un ataque directo y generalizado al propio sistema desde el interior del mismo.



FUENTES


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 JURIS, Jeffrey S.; PEREIRA, I.; FEIXA, C. 2012 "La globalización alternativa y los 'novísimos' movimientos sociales" Revista del Centro de Investigación. Universidad La Salle, vol. 10 Núm.37: pp. 23-39.

CASQUETE BADALLO, J.M. 2011 "Balance preliminar de la indignación", El Viejo topo, Núm. 286: pp. 19-25.

CASQUETE BADALLO, J.M. 2011 "El movimiento de los indignados", Claves de razón práctica, Núm. 214: pp. 10-13.

CASTELLS, M. 2012 Redes de indignación y esperanza Madrid: Alianza Editorial.


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