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martes, 18 de noviembre de 2014

Listado de películas sobre las guerras napoleónicas




A continuación presentamos un listado de películas y miniseries ambientadas en las guerras napoleónicas. Algunas solamente emplean este contexto como trasfondo, mientras que otras son más profundas y buscan recrear personajes y batallas históricas.


1812 (Vasili Goncharov, Kai Hansen y Aleksandr Uralsky, 1912).

Había una vez un hombre (Victor Sjöström, 1917).

Napoleón (Abel Gance, 1927).

Napoleon auf St. Helena (Lupu Pick, 1929).

Maria Walewska (Clarence Brown y Gustav Machatý, 1937).

Napoleón tiene la culpa (Curt Goetz, 1938).

El vencedor de Napoleón (Carol Reed, 1942).

Kutuzov (Vladimir Petrov, 1944).

El hidalgo de los mares (Raoul Walsh, 1951). 

Désirée (Henry Koster, 1954).

Napoleón (Sacha Guitry, 1955).

Guerra y Paz (King Vidor, 1956).

Llegaron los franceses (León Klimovsky, 1959).

Austerlitz (Abel Gance, 1960).

Madame Sans-Gêne (Christian-Jaque, 1961).

Napoleón II, el aguilucho (Claude Boissol, 1961).

La fragata infernal (Peter Ustinov, 1962).

Motín en el Defiant (Lewis Gilbert, 1962).

Cenizas (Andrzej Wajda, 1965).

Guerra y Paz (Sergei Bondarchuk, 1968).

Waterloo (Sergei Bondarchuk, 1970).


Los duelistas (Ridley Scott, 1977).

Sharpe's Eagle (serie de TV) (Tom Clegg, 1993).

El Conde de Montecristo (Josée Dayan, 1998).

Pan Tadeusz (Andrzej  Wajda, 1999).

War in the Highlands (Francis Reusser, 1999).

Mi Napoleón (Alan Taylor, 2001).

Napoleón (Yves Simoneau, 2002).


La última batalla (Monsieur N.) (Antoine de Caunes, 2003).

To the Ends of the Earth (David Attwood, 2005).

Napoleón y yo (Paolo Virzì, 2006).

Guerra y paz (Robert Dornhelm y Brendan Donnison, 2007).

Bruc. El desafío (Daniel Benmayor, 2010).

Las líneas de Wellington (Valeria Sarmiento, 2012).


lunes, 8 de septiembre de 2014

Hampton Roads: La primera batalla entre buques acorazados


Torre giratoria del USS Monitor, 1862.

La batalla naval de Hampton Roads no fue demasiado relevante en el marco de la Guerra de Secesión. No tuvo grandes consecuencias políticas y de su desarrollo ningún estratega podría sacar lección alguna. Pero sí tuvo importancia desde el punto de vista de la tecnología naval, llamada a marcar un antes y un después al enfrentarse, por vez primera, buques de vapor acorazados. En plena Segunda Revolución Industrial, la vela dejaba paso al vapor, y los cascos de madera comenzarían a declinar en favor de los buques blindados.

No debemos menospreciar el papel de la guerra naval durante la Guerra de Secesión. En este sentido, la Confederación contó con una patente desventaja que le imposibilitó mantener sus rutas comerciales con el resto del mundo. Abrahan Lincoln, valiéndose de su clara superioridad naval, había ordenado el bloqueo de Hampton Roads para aislar a la Confederación en su costa atlántica. Por tanto, se entiende la acuciante necesidad de los confederados a la hora de ir un paso por delante de sus rivales unionistas.
Desde 1861, ambas partes comenzaron a experimentar con el blindaje de sus buques, y en los primeros meses de 1862 aparecían sus resultados. Por parte de la Unión, el USS Monitor, el primero de tres buques blindados encargados por su Armada (le seguirían los buques USS Galena y USS New Ironsides ese mismo año). Se trataba de un buque semisumergido de metal que incorporaba una torre giratoria en su cubierta. Por parte de la Confederación, el CSS Virginia,  antiguo buque de madera (USS Merrimack) al que la Confederación blindó con planchas de hierro y acopló  un espolón en la proa.

CSS Virginia, antiguo USS Merrimack, blindado con planchas de hierro.

Los combates comenzaron el 8 de marzo de 1862, cuando el CSS Virginia abandonó sus astilleros para romper el bloqueo de Hampton Roads. Las tres fragatas unionistas, cuyos cascos eran de madera, se vieron impotentes ante el flamante buque acorazado. Dos de ellas fueron hundidas, y como respuesta se decidió enviar remolcado desde Nueva York el recién fabricado USS Monitor.

Al día siguiente (9 de marzo) se producía el primer enfrentamiento entre buques de vapor acorazados. Sin embargo, la batalla entre aquellos barcos -tan vanguardistas como experimentales- no fue demasiado espectacular. Tras horas de fuego artillero ninguno de ellos resultó lo suficientemente dañado, demostrando que las tácticas navales habrían de adaptarse a los nuevos tiempos. El CSS Virginia acabó retirándose a puerto.

De todos modos, ambos buques tendrían una vida corta: El CSS Virginia sería hundido por su propia tripulación para que no cayese en manos de la Unión el 11 de mayo, mientras que el USS Monitor se fue a pique a causa de una tempestad el 31 de diciembre.

Como curiosidad, señalar que el grupo Titus Andronicus tituló una de sus canciones como The Battle of Hampton Roads, utilizando una fotografía de la cubierta del USS Monitor como carátula para su disco The Monitor (2010).



FUENTES


GRANT, R.G.: 1001 batallas que cambiaron el curso de la Historia. Barcelona, Grijalbo, 2012.

www.curistoria.com

www.ocesaronada.net



miércoles, 12 de febrero de 2014

Napoleón Bonaparte (III): Los Cien Días





Viene de: Napoleón Bonaparte: el emperador de Francia (1808-1814)

La restauración borbónica en la persona de Luis XVIII no tardó en perder su inicial apoyo popular. El mito de Napoleón comenzó a acrecentarse nuevamente y éste, bien informado de la situación a pesar de su exilio, regresó a Francia. El 1 de marzo de 1815 desembarcaba junto a su guardia personal (menos de un millar de soldados) en las cercanías de Cannes. En su avance hacia París, recurrió a sus habituales arengas, ganando adeptos allá por donde pasaba. Los campesinos se sumaban a su causa, al tiempo que las tropas enviadas por Luis XVIII desertaban para unirse a su marcha hacia el norte. El 14 de marzo, las tropas del mariscal Ney interrumpían el paso a Napoleón y sus hombres. El Emperador, para evitar un baño de sangre, avanzó hacia las tropas que le apuntaban y, cómo no, recurrió a las palabras. Nuevamente, aquellos que tenían por misión detener al emperador, cayeron rendidos ante su presencia, con su mariscal incluido.

De este modo, el 20 de marzo, Napoleón entraba en el Palacio de las Tullerías sin haber recurrido a la violencia. Pero era consciente de que los tiempos habían cambiado. Aunque en general tenía el apoyo de los franceses, éstos no deseaban más guerras. Por tanto, lejos de buscar el conflicto con sus habituales enemigos, Napoleón trató de garantizar que no quería otra cosa que la paz. La respuesta de los aliados no pudo ser más contundente: formaron la Séptima Coalición (Gran Bretaña, Austria, Rusia y Prusia) y declararon la guerra a la persona de Napoleón -que no a Francia-.

Una formidable maquinaria bélica se ponía en marcha contra Francia, y Napoleón, haciendo gala de su habitual iniciativa, se percató de que una batalla decisiva sería la única esperanza. En Bruselas se encontraba el británico Wellington, apoyado en su ala izquierda por el prusiano Blücher. Los ejércitos austriaco y ruso (éste último concebido como reserva) aún se encontraban demasiado lejos como para constituir una amenaza. Un golpe devastador contra los ejércitos de Wellington y Blücher podrían suponer el fin de la guerra...

Napoleón cosechó dos victorias importantes en Quatre Bras y Ligny. En esta última batalla, las tropas prusianas del viejo mariscal Blücher sufrieron una buena paliza, pero la fallida persecución francesa no convirtió la batalla en una victoria decisiva. Las tropas prusianas huídas consiguieron reagruparse, por lo que seguían constituyendo una amenaza. El emperador envió a un tercio de sus hombres en su persecución, al mando del mariscal Grouchy.

El 18 de junio tenía lugar la batalla de Waterloo. Wellington adoptó una posición defensiva, dejando a sus espaldas un área boscosa. Napoleón interpretó este hecho como un mal paso, pero Wellington sabía lo que se hacía, pues casualmente había reconocido la zona meses antes. Su única esperanza consistía en ganar tiempo hasta la llegada de Blücher en su ayuda, cosa que al comienzo de la batalla pendía de un hilo.

La batalla acabó como es bien sabido. Grouchy no consiguió alcanzar la retaguardia prusiana, y Blücher logró llegar al campo de batalla en ayuda de Wellington. La línea de la Vieja Guardia francesa, la tropa de élite del emperador, acabó rota, acabando con toda esperanza. Los errores de Ney, las lagunas del plan de un Napoleón cansado y enfermo a causa de sus problemas estomacales, y la lentitud de Grouchy, abocaron a su fin a la causa imperial. Es cierto que Waterloo, en un sentido militar, pudo no ser tan determinante como se cree. Muchas de las tropas lograron reagruparse, a lo que hay que sumar los hombres de Grouchy. Sin embargo, Napoleón perdió todos sus apoyos en París y se vio obligado a abdicar el 22 de junio. Sus esperanzas de exiliarse en los Estados Unidos e incluso en Gran Bretaña se vieron truncadas, acabando confinado por los británicos en la isla de Santa Elena.


FUENTES


CHANDLER, D.: Las campañas de Napoleón. Un emperador en el campo de batalla, de Tolón a Waterloo (1796-1815). Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.

sábado, 29 de junio de 2013

Napoleón Bonaparte (II): el emperador de Francia (1804-1814)


Napoleón en su trono imperial. Jean Auguste
Dominique Ingres, 1806.

Viene de: Napoleón Bonaparte (I): inicios


El 2 de diciembre de 1804, Napoleón se hacía coronar como emperador. Y aquí comienza una etapa fascinante de apogeo francés en lo político, militar e incluso ideológico. Este último punto ha dado lugar a debates: ¿Fue el Imperio un hijo de la Revolución? ¿el que la sepultó? ¿o ambas cosas? La concentración de poderes en la figura del emperador era contraria al espíritu del modelo constitucional y de libertades de la Revolución Francesa. Sin embargo, las monarquías absolutas de Europa temían la expansión del Imperio francés, sobre todo, por las ideas revolucionarias que podría propagar. Por tanto, en esta etapa hubo varias coaliciones que trataron de plantar cara a la expansión de dichos ideales, con un trasfondo de pugna entre Francia y Gran Bretaña por la supremacía en Europa:

-Tercera Coalición, de 1805: Inglaterra, Austria, Rusia, Suecia y Nápoles.
-Cuarta Coalición, de 1806: Inglaterra, Rusia y Prusia.
-Quinta Coalición, de 1809: Austria y Reino Unido.
-Sexta Coalición, de 1813: Gran Bretaña, Rusia, Prusia, Austria, Suecia.

Todas ellas, salvo la última, destruidas durante las guerras napoleónicas, en un periodo de expansión del Imperio. La Tercera Coalición fue desmantelada tras las victorias de las tropas napoleónicas sobre los austriacos en Ulm, y sobre el ejército austro-ruso en Austerlitz. No obstante, en esta fase tuvo lugar la derrota naval de la armada franco-española en Trafalgar.

En 1806, el emperador de Francia acabó con el Sacro Imperio Romano y creó la Confederación del Rin. Ese mismo año se crea una nueva coalición, la cuarta, contra la expansión francesa. Nuevas victorias de Napoleón, en este caso sobre prusianos (Jena, Auerstädt) y rusos (Eylau, Friedland) llevaron al Tratado de Tilsit, mediante el cual Rusia se convertía en aliada de Francia y se unía al bloqueo continental contra Gran Bretaña. Esa misma razón llevó a la invasión de Portugal, eterno aliado de los británicos, y a la ocupación del territorio español que supuso el inicio de una guerra de guerrillas que culminó en la Guerra de la Independencia.

La Quinta Coalición llevó a la derrota austriaca y a la firma de la Paz de Viena, por la que Napoleón contraía matrimonio con María Luisa de Austria. En ese momento el Imperio pasó a ser el Gran Imperio y Napoleón se aventuró a su mayor error: la invasión de Rusia. La política de tierra quemada de los rusos y la crudeza del invierno obligó a Napoleón a retirarse, regresando con 120.000 de sus 600.000 hombres. A su vez, los sucesos en España llevaron al llamado despertar de los pueblos, influenciado por la idea de un espíritu nacional que había surgido en España y que se extendió por otros estados europeos contra el invasor. Así se formó la última y decisiva coalición de 1813, cuyo punto de inflexión fue la derrota de Napoleón en la batalla de las naciones. El Imperio perdió todos los territorios conquistados y la guerra llegó a suelo francés. La Capitulación de París se firmó el 31 de marzo de 1814, y el Emperador, tras abdicar, partió rumbo al exilio, a la isla de Elba...


Continuará con Napoleón Bonaparte (III): los Cien Días.


FUENTES


ALIJA, A.M.: "Del Imperio Napoleónico al Congreso de Viena. "El Concierto Europeo" (1804-1820)" en PEREIRA, J.C. (Dir.): Historia de las relaciones internacionales contemporáneas. Barcelona. Ariel, 2009, págs. 65-71.

 BLACK, J.: Grandes líderes militares y sus campañas. Barcelona. Blume, 2008.

 ENCEL, F.: El arte de la guerra. Estrategas y batallas. Madrid. Alianza Editorial, 2005.

lunes, 29 de abril de 2013

Prisioneros de Bailén: Historia de los soldados olvidados de Napoleón


Sepultura de los franceses muertos en Cabrera. Fuente: Biblioteca Nacional.
"La Ilustración", 7 de junio de 1891, Barcelona.


Como habíamos visto, la batalla de Bailén se saldó con una rotunda victoria de las tropas españolas. Las capitulaciones de Andújar, firmadas por Dupont el 22 de julio de 1808, establecían el regreso de las tropas francesas a su patria por vía marítima, para lo cual habrían de ser trasladadas desarmadas hasta Cádiz. En el trayecto, no pocos de estos 14.000 prisioneros sufrieron los insultos y agresiones de los pueblos por los que pasaban. La noticia del saqueo que habían perpetrado en Córdoba había llegado a todos los andaluces.
 
Sin embargo, el 10 de agosto se comprobó que no había barcos suficientes para transportar a todos los prisioneros. En septiembre, con el apoyo de buques británicos, se pudo enviar de vuelta a Francia a los jefes y oficiales, muchos de los cuales sufrieron las iras de Napoleón. Es el caso de Dupont, el cual fue degradado y confinado en prisión por su vergonzosa rendición. Sin embargo, el resto de la tropa cautiva permaneció confinada en prisiones flotantes -pontones- en Sanlúcar de Barrameda, donde la mala alimentación e higiene comenzaron a causar numerosas muertes entre aquellos hombres.
 
Pasaban los meses, mas nada cambiaba. Al parecer, los ingleses habían ejercido presiones para que los prisioneros no regresasen a Francia, por temor a que una vez allí volviesen a cruzar los Pirineos. A ello se sumó la indiferencia de Napoleón, demasiado herido en su ego como para rescatar a aquellos hombres a los que consideraba unos cobardes. De este modo, no llegó a producirse un intercambio de prisioneros. El Gobernador de Cádiz, ante una situación que no iba a resolverse, decidió deshacerse de los prisioneros. Unos cuatro mil fueron enviados a las islas Canarias, donde se integraron entre la población. Los diez mil restantes fueron enviados, con el mismo objetivo, a las islas Baleares, pero las autoridades y la población se negaron a aceptarlos. De este modo, la Junta Central decidió llevarlos a la deshabitada isla de Cabrera, al sur de Mallorca, donde fueron abandonados el día 5 de mayo de 1809. Además, tal y como indica Isabelle Bes Hoghton, de este modo se protegía a la población mallorquina de la "perniciosa influencia" de las ideas revolucionarias de los cautivos. (1) Los hechos ocurridos durante aquellos cinco largos años aparecen narrados en la obra  Los franceses de Cabrera (1809-1814) de Pierre Pellisier y Jéróme Phelipeau.

La única construcción que había en toda la isla era un viejo fuerte derruido. A penas sin recursos, sin agua -aunque encontraron un pequeño manantial-, los cautivos dependían de un barco que, cada cuatro días, llegaba cargado de víveres que resultaban insuficientes para diez mil personas.

Para evitar la anarquía, se establecieron jerarquías en función del rango militar, creando un consejo encargado de regular acciones como el reparto de los víveres, impartir justicia e imponer normas. Parece ser que la llegada desde España del cura Damián Estelrich -en julio de 1809- aportó también cierta serenidad en medio de aquella desesperante situación. Incluso llegaron a construir unas cabañas precarias -en lo que se conoció como Napoleonville- estableciendo calles con nombre parisinos, así como una plaza que se configuró como el centro de reuniones e intercambios, llamada Palais Royal. Pero el orden pronto se vino abajo con la monotonía y las penurias. Hubo varios intentos de fuga, uno de los cuales provocó, como castigo, el retraso en el envío del barco de suministros. En julio de 1810, los oficiales que quedaban entre los cautivos fueron enviados a Inglaterra. Curiosamente, hace poco se confirmó que entre los prisioneros había también algunas mujeres (quizás veinte o treinta), las cuales eran objeto de negocios y peleas entre los oficiales y prisioneros, por lo que el cura decidió solicitar que aquellas que no estuviesen casadas fuesen enviadas a Inglaterra junto a los oficiales.

La situación se agravó en 1812. Fue entonces cuando llegaron desde Alicante 1.200 nuevos prisioneros. A todo ello se sumó la autoridad de un gobernador que les sometió a trabajos forzados, al tiempo que eliminaba el consejo que habían organizado los franceses acusándolo de estar detrás de los intentos de fuga. La dramática situación llevó a los prisioneros a caer en el canibalismo con sus compañeros fallecidos. En estas circunstancias son muchos los que pierden la cordura, caso de los llamados tártaros, quienes se aislaron del resto de los prisioneros en una cueva. El otro grupo, el mayoritario, era conocido como  los robinsones.

Cueva de los Tártaros

El 16 de mayo de 1814, al firmarse la paz, los 3.700 supervivientes asistieron a la llegada de un barco francés que habría de llevarles hasta el puerto de Marsella. Regresaban a casa tras cinco años de cautiverio, donde fueron recibidos con ciertas reservas: el monarca Luis XVIII temía que fuesen leales a Napoleón, el hombre que los había abandonado a su suerte. Algunos dicen que este oscuro episodio habría constituido el primer campo de concentración de la Historia.
 
 
(1)  BES HOGHTON, I. p.26.

 
FUENTES


BES HOGHTON, I.: "Cabrera: De l'Île paradis à l'Île enfer" en Anales de Filología Francesa, nº16, 2008.
 
1808-1814 Escenarios

Ideal, Granada Noticias

Historia de Iberia Vieja

Historia Siglo XIX

Mallorca Diario


viernes, 19 de abril de 2013

Portal de Archivos Españoles: "Un viaje a la Guerra de la Independencia (1808-1814)"



Portada de la sección dedicada a la Guerra de la Independencia en PARES.
Todos los derechos pertenecen al Ministerio de Cultura.
 
 
 
 
En la web PARES (Portal de Archivos Españoles) recibimos una invitación para recorrer la Guerra de la Independencia a través de varios espacios que, con un sentido didáctico, pretenden exponer el conflicto a través de documentos del Archivo Histórico Nacional. Así, pulsando en la pestaña "un viaje a la guerra", tendremos acceso a varios apartados dedicados a facetas del conflicto tales como el levantamiento popular, el desarrollo bélico, los afrancesados,... amén de los apartados especiales dedicados a la estrategia militar -de gran utilidad para conocer las tácticas y armamentos de las guerras napoleónicas- y a la guerra ideológica. Como decimos, el uso de documentos digitalizados para ilustrar estos apartados constituye un valor añadido.

Otra pestaña se dedica al Archivo Histórico Nacional, donde se narra su historia y, además, se plasman los fondos de la Guerra de la Independencia, agrupados en: Administración de Fernando VII; y Administración de José I. Además, se indica la importante labor de digitalización de los documentos de estos fondos de 1808-1814. De ahí que también se incluya un buscador de documentos para aquellos que estén interesados en estudiar el periodo. Por último, la sección el aprendiz del historiador se encarga de presentar el conflicto de un modo sencillo y didáctico para aquellos que quieran acceder a una sencilla explicación de lo que fue la Guerra de la Independencia. Gran labor la realizada por PARES.

 

viernes, 12 de abril de 2013

"Guía temática sobre la Guerra de la Independencia" de la Biblioteca Nacional de España

 
Portada de la Guía temática de la Biblioteca Nacional de España. Todos los
derechos pertenecen a la BNE y al Ministerio de Cultura.
 
 
 
Entre las iniciativas públicas para la conmemoración de la Guerra de la Independencia, tiene particular interés una guía temática elaborada por la Biblioteca Nacional. Dicha guía pretende presentar de un modo accesible aquellos fondos relacionados con la Guerra de la Independencia con los que cuenta esta institución. De este modo, la Biblioteca Nacional se propone como pieza clave para el estudio del periodo 1808-1814, al contar con fondos valiosísimos, entre los cuales destaca la colección Gómez Imaz, compuesta por más de 3.000 libros, manuscritos, revistas y periódicos dedicados a la Guerra de la Independencia.
 
Los fondos que la Biblioteca Nacional dedica a la Guerra de la Independencia aparecen catalogados en función de la naturaleza de sus piezas: libros; manuscritos; revistas y periódicos; cartografía; dibujos y grabados; y repertorios bibliográficos. En definitiva, un recurso fundamental para los investigadores.
 
Además, esta guía temática incluye otros apartados, como archivos, bibliotecas y museos, tanto nacionales como extranjeros; una cuidada selección de bibliografía sobre la Guerra de la Independencia; y su presencia en el cine, la literatura e Internet. Por tanto, nos encontramos ante una guía austera en sus formas pero con gran cantidad de información para aproximarse al periodo 1808-1814. Muy recomendable.
 
 
 
 

sábado, 6 de abril de 2013

La batalla de Bailén (1808): Cuando Castaños y Reding pararon los pies a Dupont


La rendición de Bailén. José Casado del Alisal.

Tras los sucesos del 2 de mayo se formaron numerosas juntas provinciales que, ante la invasión legal de las tropas napoleónicas, decidieron organizar la defensa del territorio patrio. Una de estas juntas fue la de Sevilla, la cual nombró a Francisco Javier Castaños general en jefe del Ejército de Andalucía. Sus tropas habrían de detener el avance del Cuerpo de Ejército del general Dupont -uno de los cinco que ocupaban la península- cuyo objetivo consistía en ocupar Cádiz para controlar su importante puerto. Dupont, en su avance, venció a las tropas españolas en el puente de Alcolea el 7 de junio y, acto seguido, tomó y saqueó Córdoba, para abandonarla el día 16 con el objetivo de fijar su cuartel general en Andújar, consciente, gracias a sus agentes, de que la Junta había organizado un gran ejército. Por temor a quedar cercado y sin comunicación con Madrid, aquel mismo día, envió a Vedel al mando de 6.000 hombres y 600 dragones a Bailén, donde éste fijó su cuartel. Otros 3.000 hombres custodiaban La Carolina. Junto a Dupont permanecían en Andújar 10.000 hombres. En definitiva, su tropa estaba demasiado dispersa y Dupont, imposibilitado para seguir hacia su objetivo, adoptó una actitud defensiva en torno a la orilla derecha del río Guadalquivir.

Por la parte española, había sido encomiable la organización del Ejército de Andalucía, formado por unos 35.000 hombres (25.000 de ellos bajo el mando de Castaños, mientras que un segundo ejército de 10.000 combatientes, organizado en Granada, estaba mandado por Teodoro Reding). Ambos ejércitos se encontraron en Porcuna a finales de junio.

Castaños dividió su ejército en cuatro divisiones, dos de las cuales (mandadas, cada una de ellas, por Reding y Coupigny) tenían por objetivo vadear el río Guadalquivir, al tiempo que las otras dos distraían a las tropas francesas en su frente. De este modo, el día 15 de julio, Castaños inició movimientos frente a Dupont, lo cual provocó que Vedel abandonase Bailén para acudir a Andújar. Un día más tarde, Reding cruzaba el río en el área de Mengíbar, consiguiendo que Dufour -el cual había ocupado el puesto de Vedel en Bailén- se retirase hacia el norte, a La Carolina. Reding se replegó a pesar de su éxito, mientras que Dupont envió nuevamente a Vedel y Dufour junto a diez mil hombres para evitar que los españoles cortasen el paso cerca de La Carolina, creyendo que era éste el objetivo de los españoles.

El 18 de julio, Dupont se veía obligado a abandonar Andújar, encontrándose en la madrugada del 19, para su sorpresa, con las divisiones de Reding y Coupigny en los alrededores de Bailén, las cuales habían cruzado el río por segunda vez. Formaban tres líneas de combate, cuya retaguardia estaba custodiada por siete batallones.

Comenzaba la batalla, y todos los estudiosos coinciden en lo erróneo del despliegue francés. En aquellos instantes, Vedel se había dirigido hacia Sierra Morena, alejándose de la batalla. Fue la misma razón la que llevó a Dupont a concebir mal el despliegue de sus hombres, por temor a que los españoles bloqueasen Despeñaperros. Dupont creía que los españoles se encontraban en los Visos de Andújar, por lo que había dejado en su retaguardia, para cubrir la retirada y dar la impresión de que permanecía en Andújar, a sus tropas veteranas. Entre ellas y su vanguardia, formada en buena parte por tropas bisoñas, iba un convoy de heridos de varios kilómetros. Si tenemos en cuenta que Castaños seguía creyendo que los franceses permanecían en Andújar, y que para Reding y Coupigny también fue una sorpresa encontrarse con los franceses en Bailén, se concluye que se trató de una batalla de encuentro, afectada por la casualidad. Una batalla que se libró en un día muy caluroso, en el que se llegó a rozar los 40º C, y en el cual los suministros de agua por parte de la población fueron fundamentales para la victoria española (tanto para hombres, como para enfriar las piezas de artillería).


Batalla de Bailén. Elaboración propia. Pulsar para ampliar.


La ventajosa posición española fue fundamental. Dupont necesitaba romper la formación española, pues tenía a sus espaldas al resto del ejército de Castaños. El tiempo apremiaba para los franceses, razón por la que tomaron la iniciativa. Tras atacar fallidamente con cuatro batallones, los franceses lanzaron una carga de caballería que no supo aprovechar su éxito y acabó replegándose. Un tercer ataque francés fue frustrado por la bien emplazada artillería española, que causó verdaderos estragos en las columnas enemigas. Una nueva carga de la caballería francesa, en respuesta al ataque de la española, llevó a sus jinetes hasta las mismísimas piezas de artillería española, pero el cansancio les obligó a replegarse. La firmeza de las líneas españolas, cuyo centro fue atacado sin éxito por la infantería francesa por quinta vez; el elevado número de bajas (2.600); la proximidad de Castaños en su retaguardia; y la lentitud de los refuerzos de Vedel; llevaron al herido Dupont a plantear ante Castaños las condiciones de su derrota: partir, junto a su ejército, hacia Cádiz, con armas y demás equipo inclusive, para regresar a Francia por mar. El día 22, Dupont firmó la capitulación. Finalmente, solo llegaron a Francia los oficiales, mientras que la tropa prisionera fue confinada en la isla desierta de Cabrera, donde pasaron cinco fatídicos años. Respecto a los españoles, la batalla de Bailén demostró que los ejércitos napoleónicos podían ser derrotados, y la noticia corrió como la pólvora por toda la península. Otra cuestión es la de quién fue el padre de la victoria. En rigor, Castaños no presenció la batalla, si bien se le atribuyó el éxito. Mientras, el hispano-suizo Reding, verdadero artífice de la victoria, fue olvidado.
 


FUENTES
 
 
ARTOLA, M.: La Guerra de la Independencia. Madrid. Espasa, 2007.
 
VÁZQUEZ, J. y MOLINA, L.: Atlas ilustrado de las grandes batallas españolas. Madrid. Susaeta, 2010.
 
VV.AA.:Las grandes batallas de la Historia. Barcelona. Debolsillo, 2011.

martes, 12 de marzo de 2013

Manuel Pedregal y Cañedo: un asturiano en la vanguardia republicana española


Manuel Pedregal. 1890.


Manuel Pedregal nació en Grado, el 12 de abril de 1832. Tras estudiar Derecho en la Universidad de Oviedo, estableció un bufete de abogados en la capital asturiana. Durante el Bienio Progresista (1854-1856) mantuvo posiciones democráticas que le llevaron a participar en el comité provincial del Partido Democrático. Aficionado a la política y la Historia, fue admitido en la Real Academia de la Historia en 1866. De firme ideología republicana, tomó parte en la Revolución de 1868, conocida como La Gloriosa.
 
Ocupó varios cargos políticos: concejal del Ayuntamiento de Oviedo y, desde febrero de 1873, gobernador de La Coruña, habiendo sido ya establecida la I República. También fue diputado por Gijón en las Cortes Constituyentes de 1873 que proclamaron la República. Fue vicepresidente de las Cortes y, poco después, nombrado ministro de Hacienda por Castelar, cargo que ocupó desde septiembre de 1873 hasta enero de 1874. Cabe señalar que ya había rechazado una cartera ministerial ante los ofrecimientos de Pi y Margall. En un contexto de fuertes dificultades económicas, logró equilibrar las cuentas del Estado y reorganizar la situación del Tesoro Público.
 
Tras la caída de la República, Pedregal volvió a ejercer como abogado, si bien ocupó algunos cargos dignos de señalar: decano del Colegio de Abogados de Oviedo; presidente del Ateneo de Madrid; y cofundador, con Giner de los Ríos, de la Institución Libre de Enseñanza, siendo rector de estudios y presidente de la junta de gobierno. En 1881 volvió a la política, siendo elegido en las elecciones a Cortes por Oviedo en 1886, 1891 y 1893. Fue el principal líder del republicanismo en Asturias. Murió en Madrid, el 26 de julio de 1896. Un año más tarde, se erigía en Grado una estatua que, vergonzosamente, fue retirada tras la entrada del bando nacional en la villa, en 1936. Actualmente, en el parque de San Antonio de Grado está presente un busto en su honor.

Busto de Manuel Pedregal, Grado (Grau)

 
Por cierto, este hombre de Estado, moscón -gentilicio de Grado- de nacimiento, rechazó la paga que le correspondía como ex-ministro, cuestión más elogiable aún si nos remitiésemos a algún caso más que llamativo de la escena política actual.
 
 
 
FUENTES
 
 
CABAL, A.J.: Arte en los concejos de Candamo, Grado y Las Regueras. Oviedo. Cajastur, 2003.
 

sábado, 9 de marzo de 2013

¡Yo acuso! El injusto caso Dreyfus en el ejército francés

La degradación de Dreyfus

1894. La degradación y destierro del capitán Alfred Dreyfus fue uno de los mayores fiascos de la justicia francesa de su Historia Contemporánea. En aquella época, las relaciones entre Francia y Alemania no eran buenas, lo que llevó a la contrainteligencia francesa -dirigida por el coronel Sandherr- a establecer una estrecha vigilancia de la embajada alemana. Fue así como llegaron a manos de Sandherr unos planos de fortificaciones francesas hallados en el despacho del agregado militar alemán. Era evidente que había un traidor en el ejército francés.

Poco más tarde, el segundo de Sandherr, el mayor Henry, recibió un manuscrito en el cual se clasificaba toda la información vendida a los alemanes y entre las nóminas del mismo aparecía Alfred Dreyfus, un oficial que, por el hecho de ser judío, fue utilizado como cabeza de turco. De cinco expertos en caligrafía que examinaron los documentos, tres afirmaron que habían sido escritos por Dreyfus. Tras varios días de vagas acusaciones, una orden del Ministerio de Guerra inculpaba a Dreyfus. El 5 de enero de 1895, el tribunal militar le halló culpable, condenándolo a cadena perpetua. Dos semanas más tarde, era enviado a la Isla del Diablo, en la Guyana Francesa.

En 1896 aparecieron nuevas evidencias procedentes de la embajada alemana: una carta que no llegó a enviarse destinada al mayor Ferdinand Walsin Esterhazy. Las sospechas de Picquart -sustituto de Sandherr al frente de la contrainteligencia- cayeron sobre Esterhazy, pero el alto mando francés trató de bloquear la cuestión. Las novedades del caso fueron filtradas a la prensa, causando gran revuelo y llevando, en enero de 1898, a la aparición en el diario L'Aurore de la famosa carta "Yo Acuso" de Émile Zola al presidente de la república, donde condenaba la actuación de varios oficiales y los tres expertos en caligrafía. Zola fue juzgado y sentenciado a un año de prisión, y Picquart expulsado del ejército por la filtración del caso. El clima de indignación entre la sociedad francesa llevó al interrogatorio del mayor Henry, quien reconoció haber falsificado las pruebas. Esterhazy huyó a Londres.

En 1899 se reabrió el caso, celebrando un nuevo juicio en el que la altiva corte marcial condenó nuevamente a Dreyfus, esta vez a diez años más de confinamiento. La nueva denuncia de Zola hizo que, diez días más tarde, el Ministro de Guerra indultase a Dreyfus por motivos de salud. En 1906 fue readmitido en el ejército y nombrado caballero de la Legión de Honor.
 


FUENTES


ANG, G. (Dir.): Secretos y misterios de la Historia. México. Reader's Digest, 1990.

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