viernes, 9 de mayo de 2014

"Waterloo" (1970): La última batalla de Napoleón, en el cine


Escena en la que Napoleón (Rod Steiger) firma el tratado de Fontainebleau de 1814.
El cuidado de la estética es una de las marcas de la película.

Waterloo es una película fascinante. Un verdadero clásico del cine, aunque un tanto maltratado debido a sus pobres resultados en taquilla. De hecho, hay quien culpa a esta producción ítalo-soviética de haber llevado a Stanley Kubrick a desechar su faraónico proyecto de película sobre Napoleón. Cosas de la vida. De todos modos, Waterloo es un film que hará las delicias de los aficionados al cine bélico ambientado en la época napoleónica, de obligado visionado en versión original ya que el monótono doblaje al castellano lastra notablemente la grandilocuencia de sus personajes.

Producida por Dino de Laurentiis, la dirección corrió a cargo de Sergei Bondarchuk, tras el éxito de su anterior película, Guerra y Paz, premiada con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1968. Así mismo, contó con un reparto de primera categoría aunque quizás no demasiado comercial, donde destacan Rod Steiger (Napoleón), Christopher Plummer (Wellington), Orson Welles (en un breve pero contundente papel como Luis XVIII) o Dan O' Herlihy (encarnando al parecidísimo mariscal Michel Ney).

Dan O' Herlihy en el papel del enérgico mariscal Ney.

Guión

Un guión sólido, excelentemente documentado, que busca recrear los hechos históricos que representa con fidelidad y detalle, tomándose pocas licencias (aunque alguna hay). En cuanto a la estructura del film, a modo de prólogo, arranca con la imagen de un Napoleón forzado a abdicar por sus mariscales. Tras los créditos iniciales, combinados con imágenes del emperador en un barco rumbo a Elba, se distinguen dos grandes bloques. El primero, protagonizado por Napoleón o, si se quiere, el bando francés, muestra el regreso del emperador, así como sus intentos por evitar la guerra. Un segundo bloque, el de la batalla propiamente dicha, se presenta bastante equilibrado mediante el binomio Napoleón-Wellington. Fundamental la escena del baile, quizás un tanto tediosa pero necesaria -que a mí personalmente me recuerda a la de El Gatopardo-, pues sirve como transición entre ambas partes del film, al tiempo que refleja la lentitud de los británicos frente a un Napoleón que ya había cruzado la frontera.



Teatralidad

La interpretación de Rod Steiger como Napoleón es sublime, en mi opinión la mitad de la película. Consigue reflejar las contradicciones y pesares de un emperador cansado y enfermo, pero que aún conserva destellos de su vibrante genialidad. Steiger combina energía y languidez, retratando esa doble vertiente inherente a la condición humana: el Napoleón público, enérgico y carismático; y el Napoleón privado, el que sufre, duda y mira hacia el pasado con melancolía. Un Napoleón, en definitiva, humano, sin idealismos. El único toque épico lo aporta la magnífica banda sonora de Nino Rota.




El detalle

Un film cargado de simbología, de cuidada estética y gusto por los detalles. Memorable la escena en la que Napoleón avanza hacia el 5º Regimiento de Línea. Lejos de idealismos, se refleja a un hombre terrenal, con barba de varios días y el ropaje deslucido por el polvo del camino. La estética de la época se refleja no solo en los uniformes (perfectos, si los comparamos con producciones muy posteriores como el notable telefilm Napoleón), sino también en decorados (castillo de Hougoumont, por ejemplo), frases y conversaciones plasmadas tal y como han quedado recogidas en los libros y documentos de la época, o la formación de las unidades. Mención especial merece la caracterización de los personajes, con parecidos muy logrados en buena parte de los casos. Ese afán por el detalle llevó a los realizadores a tomar obras pictóricas como referente a la hora de recrear escenas tales como la carga de los Scots Greys.


Plano que recuerda a la obra Scotland Forever! de Lady Butler (1881).



Espectacularidad

Durante el rodaje se emplearon miles de extras, de hecho soldados del Ejército Rojo encarnaron a las tropas británicas. Esta recreación masiva, conjugada con el magistral empleo de la cámara por parte de Bondarchuk, brinda a los espectadores unas imágenes impresionantes, en un tiempo en el que no existían efectos digitales. Grandiosa la escena que recrea la carga de caballería de Ney con miles de jinetes. Esa grandiosidad también se puede apreciar en el siguiente fragmento, uno de los momentos cumbre de esta gran desconocida que es Waterloo.




FUENTES


Blog de Cine Bélico e Histórico del Major Reisman 

IMDb

miércoles, 30 de abril de 2014

Listado de películas de la Segunda Guerra Mundial (III): Cine sobre el Holocausto




Lo prometido es deuda. Esta vez le corresponde el turno a una temática que ha dado grandes clásicos a la Historia del Cine, quizás porque exige un gran respeto a la hora de aproximarse a ella. Recogemos los títulos más destacados, y como en anteriores listados de películas, os animamos a aportar vuestras ideas y opiniones en comentarios.

-El diario de Ana Frank (George Stevens, 1959). Basada en el famoso diario de la niña judía Annelies Marie Frank Hollander, conocida como Ana Frank.

-Desnudo entre lobos (Frank Beyer, 1963). Película producida en Alemania del Este, donde se narra la historia de un niño que llega al campo de concentración de Auschwitz dentro de una maleta.

-El prestamista (Sidney Lumet, 1964). Primera película estadounidense que aborda el Holocausto desde la perspectiva de un superviviente. El gran Sidney Lumet dirige esta película sobre Sol Nazerman (Rod Steiger), un prestamista judío que ha sobrevivido a un campo de exterminio y convive con la amargura de haber perdido a sus seres queridos: sus dos hijos y su esposa, violada por oficiales nazis antes de morir.


-Holocausto (Marvin J. Chomsky, 1978). Miniserie en la que se refleja la persecución a la que es sometida la familia del doctor Josef Weiss.

-La decisión de Sophie (Alan J. Pakula, 1982). Magnífico drama en el que Meryl Streep encarna a Sophie, una joven emigrante polaca y católica que sobrevivió a Auschwitz y que vive atormentada por su pasado.

-Shoah (Claude Lanzmann, 1985). Documental de más de 9 horas de duración apoyado en el testimonio oral de las personas que sufrieron el Holocausto.

-Europa, Europa (Agnieszka Holland, 1990). Notable película sobre la vida de un joven judío polaco que será reclutado por los nazis, viéndose obligado a ocultar su identidad, para acabar convirtiéndose por casualidad en un héroe del ejército alemán.


-La lista de Shindler (Steven Spielberg, 1993). Una obra maestra, basada en la historia real de Oskar Shindler, el empresario que salvó a 1.200 judíos del Holocausto empleándolas en sus fábricas.

-La vida es bella (Roberto Benigni, 1997). Única, genial, maravillosa de principio a fin. En mi opinión, una de las mejores películas no ya del género, sino de la Historia del cine.

-Ilusiones de un mentiroso (Peter Kassovitz, 1999).

-Lo mejor de nosotros (Jan Hrebejk, 2000).

-El pianista (Roman Polanski, 2002). Una obra notable del controvertido Polanski. Protagonizada por Adrien Brody en el papel de un pianista polaco de origen judío, que se verá obligado a vivir en escondrijos para evitar ser capturado por los alemanes.

-Amén (Constantin Costa-Gavras, 2002). Film que versa sobre la controvertida actitud del Vaticano ante el Holocausto judío. Cuenta con críticas notables, centradas en la calidad de su guion así como por sus honesta actitud de denuncia.

-Sin destino (Lajos Koltai, 2005). Relato sobre un joven judio de 14 años que vive en Budapest con su familia, de la cual será separado en 1944 para acabar en los campos de Auschwitz y Buchenwald.

-El libro negro (Paul Verhoeven, 2006). Con aire de telefilm, se trata de una película ágil y muy entretenida, sobre una judía cuya familia fue asesinada. Tras unirse a la resistencia, deberá seducir a un oficial alemán para actuar como espía, entrando en juego sus sentimientos.



-El último tren a Auschwitz (Joseph Vilsmaier, Dana Vávrová, 2006). En abril de 1943 un tren  viaja rumbo a Auschwitz llevando prisioneros a 688 judíos. Algunos intentarán fugarse para evitar el campo de exterminio.

-Los falsificadores (Stefan Ruzowitzky, 2007).  Se narra la historia de un grupo de falsificadores judíos que, cautivos en un campo de concentración, son obligados a falsificar libras esterlinas y dólares americanos. Abre un debate en torno a cómo esos judíos consiguen mejores condiciones de vida con respecto al resto de prisioneros, al tiempo que con su trabajo benefician al III Reich, extenuado económica y materialmente por la guerra.

-Good (Vicente Amorim, 2008). Había que ponerla, pero en mi opinión es una película insípida y agotadora.

-Resistencia (Edward Zwick, 2008). No pasará a la Historia, pero merece un visionado. Además, trata un tema un tanto marginado en el mundo del cine, como es el de la resistencia de los judíos de la Europa oriental.

-El niño con el pijama de rayas (Mark Herman, 2008). Sobrevalorada, un producto muy adornado pero hueco en su interior, cuyo éxito comercial lo interpreto por el bombo publicitario que suelen tener las adaptaciones de bestsellers al cine. El final es forzado y sin sentido. Pura frivolidad.


jueves, 17 de abril de 2014

José Gállego Aragüés: Comandante Gállego



Nota: Recupero esta entrada de mi anterior blog, modificada y ampliada, para reivindicar la figura de un gran olvidado: el comandante Gállego.


Formación militar y primeros destinos

José Gállego Aragüés nació en Aragüés del Puerto (Huesca), en 1893. Recibió formación castrense en la Academia de Infantería de Toledo, pasando a incorporarse en el Regimiento de Infantería Galicia núm. 19. En 1914 fue destinado a Larache, en el Marruecos español, donde se unió al Regimiento de Infantería Extremadura núm. 15. Un año después, ya como teniente, se le asignó el mando de la Policía Indígena de Larache, integrada en el Grupo de Regulares núm. 4. Fue allí donde obtuvo la Cruz de Primera Clase del Mérito Militar con distintivo rojo. Tras pasar cuatro años de servicio en territorio peninsular, regresará a África en 1921, tras el desastre de Annual, con el rango de capitán. Su regreso definitivo a España tuvo lugar en 1922, permaneciendo en la guarnición de Gijón hasta que, en 1930, se le destina al Regimiento de Infantería Saboya núm. 6 de Madrid (llamado Regimiento de León tras el advenimiento de la Segunda República).


La guerra civil

18 de julio de 1936. Ese día, Gállego se encontraba de permiso en Gijón, ciudad de la que era oriunda su mujer. Tras la sublevación se puso a las órdenes del Comité de Guerra, asignándosele la comandancia militar de Gijón. Logró la rendición de los guardias civiles del cuartel de Los Campos, y procedió a la toma de los cuarteles de Zapadores y Simancas, poniendo fin a la resistencia el día 21 de agosto. Para el día siguiente, Gállego ya se había integrado en la Comandancia del Frente Occidental, para detener el avance de las columnas gallegas en la zona de La Espina.

El comunista Juan Ambou, al frente del Departamento de Guerra del Consejo Provincial del Frente Popular desde su formación el 6 de septiembre, dedica unas líneas al comandante en su obra "Los comunistas en la resistencia nacional republicana. La guerra en Asturias, País Vasco y Santander" donde destaca su lealtad a la legalidad republicana así como sus dotes de mando:

"Conocí al comandante Gállego en Gijón, dirigiendo el ataque contra las fuerzas del coronel Pinilla que ocupaban el cuartel de Simancas. [...] Después nos vimos en la zona occidental, en Salas. [...] tenía gran preocupación por cómo había de conducirse la guerra. Me hablaba de aprovechar las "Ordenanzas" de Carlos III. Y a mí no me pareció mal. Recuerdo siempre que me impresionó cómo en ellas se describe la función del cabo en relación con los soldados de su escuadra. Es una función humana, política, muy inteligente, que aplicada a la situación concreta del momento podría dar resultados. Conversamos largamente sobre cómo organizar a los grupos y a las columnas, mientras no se llegara a la militarización regular. Y el comandante Gállego escribió una serie de instrucciones tácticas para el combate, sobre todo para uso de los jefes de grupo y columna: tratar por todos los medios de ocupar el objetivo señalado con la debida protección y apoyo; mantener el enlace con los grupos o columnas que se encuentren en los costados o en la retaguardia; impedir a toda costa que las retiradas no ordenadas se convirtieran en desbandadas -sin duda, a veces así ocurría-; condenar toda clase de rumores y mentiras acerca de la supuesta inferioridad del enemigo, de imaginarios peligros de "copo" y todo aquello que pueda ir en detrimento de la moral del combatiente republicano. Así y todo hubo alguien en la dirección de nuestro partido que desconfiaba del comandante Gállego. La mayoría estuvimos siempre en contra." [1]

En febrero de 1937, las fuerzas republicanas lanzan una ofensiva para cerrar el pasillo Grado-Oviedo y tomar la capital asturiana. Ascendido a teniente coronel, Gállego se incorpora a la ofensiva al mando de la brigada de Santander.[2] Al poco tiempo fue destinado a Santander, donde habría de convertir a las milicias en tropas regulares. En julio de 1937 sería nombrado jefe del Estado Mayor del Ejército de Euzkadi:

"Desempeñó diversos mandos en Santander y en Vizcaya: jefe de la Columna núm. 1, luego 1ª División y coronel jefe del Estado Mayor del Cuerpo de Ejército de Santander. Acabó al frente del XVI Cuerpo de Ejército -Asturias- cuando cayó la provincia santanderina." [3]


Captura y muerte


Tal y como relata Marcelino Laruelo Roa, ante el avance de las tropas rebeldes y el fin inevitable del Frente Norte, parece ser que Gállego tuvo oportunidad de abandonar Santander en los buques de guerra del puerto, pero no lo hizo. Al contrario, trató de retirarse a Asturias con sus hombres, cayendo prisionero de las Brigadas Navarras en Cabuérniga. Tras pasar por la Prisión Provincial de Santander, se le trasladó a la de Bilbao. Su cautiverio duró ocho meses. Condenado a muerte por dos consejos de guerra, fue fusilado el 28 de mayo de 1938, en el cementerio bilbaíno de Vistalegre. Como decía Juan Ambou:

"Durante su cautiverio conservó alta su moral, y lo que es más importante: mantuvo hasta los últimos momentos una lealtad intachable al régimen republicano y a la nación".

 También re sefiere a él Julián Zugazagoitia, tal y como recogen Gutiérrez y Gudín:

"Apasionado por su oficio, le atribuía un sentido profundo que no era frecuente descubrir en los cuarteles españoles. Su concepción de la guerra chocaba con la de sus superiores y la de sus subalternos. Con orgullo español, se afirmaba en una lealtad profunda, que se sentía interpretada en los discursos de Azaña. Su personalidad estaba como desterrada por las carreras improvisadas, sin querella de su parte, que no gustaba de ser confundido con los que, de una a otra exigencia, hicieron mercancía del oficio y papel de renta de la lealtad. Quienes trabajaron a su lado, compartiendo los riesgos de los combates y las pausas de los intermedios, no olvidan su recuerdo ni sus lecciones de moral." [4]


El texto que un hijo de Gállego compartía en el año 2002 con La Nueva España, da buena fe de las afirmaciones de Ambou. Fue escrito por el propio José Gállego para su defensa ante el tribunal dirigido por Fidel Dávila.


Declaración ante el consejo de guerra de José Gállego Aragüés, publicada en La Nueva España, 1 de diciembre de 2002:

José Gállego Aragüés, teniente coronel de Infantería al servicio del Gobierno legal de España, ante el consejo de guerra dice: En la lucha armada y más cuando tiene el carácter de guerra civil los adversarios usan entre los medios de agresión el del lenguaje. Nacen voces o frases, generalmente con el carácter de adjetivos, que cobran fácil y rápida circulación entre la multitud y los usa lanzándolos en intención al contrario cargados con un acento de maldición. Así, en los vuestros la palabra «rojos» evoca un cuadro tenebroso en el que van revueltas escenas de asesinatos, saqueos, violaciones e incendios. No está en ello mi sorpresa sino que nace y se detiene al ver estampada o impresa la palabra en los folios del sumario. Y me he preguntado: ¿entrará cargada con este lastre de maldad en el severo campo de la justicia? Es decir, cuando el señor juez, el señor fiscal usan la palabra rojo emplean una abreviatura que expresa el concepto «un comunista», «un sindicalista», «un socialista» que, en tanto no demuestre lo contrario, debe estimársele complicado en este grupo de crímenes.

Es el caso que yo no he pertenecido jamás a ninguna agrupación sindical ni política; no he sido partícipe de agrupación alguna encaminada a dicho fin, y mis relaciones con la política datan exactamente del 19 de julio de 1936. Claro es que en la medida de mis alcances he puesto freno a cualquier brutalidad estúpida de las que en la guerra se producen. Pero he estado al servicio de los titulados rojos, y la justicia para serlo habrá de tomarse en la porción de color ajena a esos significados y que tiene unos límites reducidos y muy concretos.

DE PERMISO EN GIJÓN

Como consta en el sumario llevaba yo dos o tres días en Gijón, disfrutando el permiso del verano cuando se produjeron los sucesos de julio; con motivo de ellos, quedé a las órdenes de la autoridad que estimaba legítima en aquellos momentos, el alcalde de la localidad, y por el cordón umbilical del deber ligado a una situación, la de adversario vuestro. No ignoro ahora, no ignoraba entonces, que con esa postura quedaba atado a más que a la faena de oposición a vuestros designios. Tenía la convicción de que con vuestro acto se entraba de lleno en una página inédita de la historia de España. Habíais abierto de par en par las puertas a un nuevo sistema económico-político-social para esas masas proletarias que teníais enfrente, y me prometí fidelidad para servir esa redención en la parte justa de sus afanes.

LEALTAD, NO TRAICIÓN

Volviendo al lenguaje de guerra en sentido diametralmente opuesto al anterior, los beligerantes emplean para su empeño adjetivos que integran el mayor número posible de voluntades. Denomináis el vuestro la «causa nacional» y también ha entrado la frase en los dominios de la justicia. En el sumario se me interrogó para que manifestara cuáles ayudas había prestado a la misma; y al pedir aclaraciones al señor juez sobre el significado de la frase e implicar «servicios o auxilios al adversario encaminados a favorecer éxitos suyos» manifesté «ninguno». Ninguno, porque en estimativa para mi conducta, la lealtad es de rango muy superior a la traición e indagando de traiciones llegaba la pregunta.

ESPAÑA, ANTE TODO

Pero si la frase la abultamos hasta que tome su recto sentido e inquirimos con ella en cual medida tuvimos en el pensamiento España, la Nación, las preocupaciones que pusimos en su patrimonio, los afanes que nos merecieron las personas por fuera de sus ideologías, responderé muy distinto. Digo que España no se ha apartado un momento de mi juicio, y en los menesteres de cuidar bienes y personas he gastado todo la mía hasta verla arrinconada como sospechosa de traición; todo ello seguro de servir con mejor eficacia la propia causa y nunca con la intención de prestaros un servicio. Otra pregunta del sumario inquiere se concrete la calidad de los servicios rendidos; si de armas, oficinas, etcétera..., al parecer concediendo primas de ventaja a quien los haya prestado más precarios. Me permito hacer notar que por esta ruta es fácil confundir la incapacidad o pobreza personal con la ponderación auténtica de las responsabilidades que en el fondo decís perseguir. La calidad de traidor o la impotencia para hacer son previas y más profundas que las ideologías. Son cualidades encapsuladas en la idiosincrasia del individuo y con ellas aflorará en el oficio, en la amistad o en la política.

Hay que preguntar a cada uno: la faena que te tocó ¿cómo la realizaste? De mí sé deciros, cuando a lo precario le aguarda un criterio más generoso, que he pasado mucho dolor en soledad, porque al verme tal cual soy, había de confesarme «me faltan luces, me faltan fuerzas para enfilar a puerto seguro y llevar la carga que las circunstancias han puesto sobre mis hombros». Ojalá en ambos beligerantes hubiera unas docenas de hombres más que capaces de promover y encauzar las generosidades que el alma nacional puede manar, enjaulando a la vez cuanto manifiesta de brutal y sanguinaria.

¿COMUNISTA O FASCISTA?

Os he detenido acaso demasiado en estas reflexiones, para mí muy entrañables, pues por este entender he sido zarandeado por el destino de los demás, con exceso a cuanto imaginéis. Fiel a esta conducta, para muchos de los que militan en vuestro campo yo tengo rasgos comunistoides y para algunos del propio soy un fascista disfrazado con gorro frigio. Todo depende del signo de los sucesos que haya en la escena.

Por suerte o por desgracia, como profesional ha opinado y actuado en mando de tropas en casi todos los sucesos que se han producido en estos últimos años: caso de Galán, instauración de la República, sucesos de agosto, octubre y los actuales. Los revolucionarios de cada hora me entendían como parcial en su contra. Los eventualmente afines, «sospechoso», pues carecía de aptitudes para seguirlos en el camino que estimaba de pasiones y resentimientos. Expresión del significado de esta conducta a través de los años es no haber logrado aún lo que tantísimos otros; algunos de los que os acompañan desde el comienzo de los sucesos, más de los que os han prestado aquellos servicios o auxilios a que hace referencia la requisitoria del sumario; ver reconocida en el diario oficial la lealtad de mis servicios a la República. Y conste que se los he prestado con toda generosidad y devoción, sin ninguna clase de reservas. No quiero que podáis imaginar en la expresión anterior un propósito de envolver mi conducta en nebulosidades, atisbando atenuantes en estos momentos. He sido íntegramente leal a su significado.

¿REBELIÓN?

Renuncio a entrar en si el señor juez y el señor fiscal han estado acertados al imputarme el delito de rebelión. No podemos imaginar al hombre disputando sobre sus derechos de ciudadanía solitario en el desierto; los ventila en relaciones de comunidad con sus semejantes.

El campo donde se ventila la categoría de Estado es el internacional. y en él, el 19 de julio de 1936 el español no tenía sino una representación: la de los poderes de la República a los que he tributado toda fidelidad. Rebelión ¿contra cuál compromiso adquirido voluntariamente o por imperio de la ley? Rebelión ¿cuál enlace imprescindible podéis hablar en mi conducta que una el 18 de julio y el 19? ¿De cuál brizna de conspiración para llegar a ese acto podéis acusarme? Es un delito que creáis por la fuerza y sobre toda razón. Termino. En la extensión del áspero y lurdo cañamazo que forma la existencia cotidiana del hombre corriente (la mía es de ese estilo) se entrecruzan hebras de oro, símbolo o expresión de esperanzas ardientes, y alegrías más o menos maduras de carácter particular y personal. Sobre él, figuras más delicadas, más valiosas, hay las que bordó el deber profesional en horas macizas vividas a pleno pulmón, imantadas todas las energías hacia fines ajenos a uno mismo, la Patria, el Ejército, la sociedad, y salidas de ese cáliz que en las entrañas de cada ser guarda lo mejor de los sentimientos y lo más elevado de las ideas.

LA LEY DE BRENO

En los momentos actuales, en este instante tajante que amenaza cortar el hilo de mi existencia, en lo íntimo no falta ese juicio insobornable que me dice «cualesquiera que sean los sucesos adversarios o favorables que te tomen, recíbelos en la seguridad de que tus actos y tus palabras a lo largo de esta terrible tragedia española no desmerecen de los más acendrados que en horas pretéritas pusiste al servicio de tu Patria. Y es este sentimiento, señores del consejo, el que me autoriza para rogaros, aunque en este caso particular hagáis excepción, que os apartéis para juzgar de esa bronca ley de Breno, por la que el vencedor no tiene por qué reconocer una brizna de derecho en el vencido, y más altos, pensando en la España de mañana, que o no será o los vencedores habrán de llamar a comunión a los vencidos; y en la de hoy, exangüe en sí misma, peón que adelantan diferentes naciones de Europa en la partida internacional y a favor de sus propios intereses y circulando en el mundo como el símbolo de los instintos brutales del hombre en rienda suelta, hagáis de la justicia hacienda aparte cuyas bordas no puedan alcanzar esos mastines de auténtica sangre española: el resentimiento, la venganza y la envidia.

VERDUGOS O VÍCTIMAS

Esta vida, tan en el aire, diérala gustoso sin reserva alguna, por aventar del cielo español esa a manera de sentencia bíblica que parece pesar sobre el signo de sus hombres; condenados a vivir a lo largo de la historia como cainitas y abelianos: hoy de verdugos, mañana de víctimas.

Obligado a comparecer ante este tribunal de un delito y unas agravantes culpable, mi ser íntegro responde: «En la conciencia no cruza la más leve sombra de esa responsabilidad; yo no soy ése». Me siento como un combatiente que, rezumando devoción a España, ha sido vencido y, por azares de la lucha, es prisionero de guerra en vuestras manos. De entrambos hombres tomad el auténtico y, desde el fondo moral insobornable vuestro, dictad sentencia.

Santander, 17 de noviembre de 1937.



[1] AMBOU, J.: Los comunistas en la resistencia nacional republicana. La guerra en Asturias, País Vasco y Santander. Silente, 2011, p.15.
[2] Ídem, p.61.
[3] GUTIÉRREZ, Jesús y GUDÍN, Enrique: "Cuatro derroteros militares de la Guerra Civil en Cantabria", en Monte Buciero, nº11, 2005, p.57.
[4] Ídem, p.58.


FUENTES


AMBOU, J.: Los comunistas en la resistencia nacional republicana. La guerra en Asturias, País Vasco y Santander. Silente, 2011.

GUTIÉRREZ, Jesús y GUDÍN, Enrique: "Cuatro derroteros militares de la Guerra Civil en Cantabria", en Monte Buciero, nº11, 2005, pp. 18-298.

LARUELO ROA, M.: Muertes paralelas. El destino trágico de los prohombres de la República. Gijón, 2004.

lunes, 3 de marzo de 2014

Listado de películas sobre la Segunda Guerra Mundial (II): cine bélico



-Stalingrado (Joseph Vilsmaier, 1993). Quizás su mayor virtud resida en ser una película alemana, lo que le brinda un punto de partida más propenso a la empatía con esos pobres diablos que combatieron por Alemania y que, aunque cada vez menos, suelen ser presentados de un modo deshumanizado -o abstracto en el mejor de los casos- en el cine extranjero.

-El paciente inglés (Anthony Minghella, 1996).

-Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998).Una película apabullante y un claro referente del género. No hay idealización de la guerra, sino realidad pura y dura. Spielberg no se conforma con contar una historia, sino que introduce al espectador en el film, ya sea en una lancha de desembarco en la que se masca la tensión previa al combate; en ese campo de muerte en el que se convierte la playa de Omaha; o en la compañía de un pelotón de rescate que comparte con nosotros sus preocupaciones y dilemas: ¿Es justo que desde un despacho alejado de la guerra se decida arriesgar la vida de ocho soldados para salvar a uno? Un film sencillamente espectacular.

-La delgada línea roja (Terrence Malick, 1998). Película que hubiera sido brillante si finalizase en un punto álgido que tiene lugar, más o menos, media hora antes de su final.

-U-571 (Jonathan Mostow, 2000). Perteneciente al subgénero de submarinos, es un film convencional y notablemente inferior a Das Boot, pero más atractivo para el espectador casual ávido de entretenimiento.

-Charlotte Gray (Gillian Armstrong, 2001).

-Enemigo a las puertas (Jean-Jacques Annaud, 2001). Ambientada en la batalla de Stalingrado, recrea el duelo que, en teoría, protagonizaron los francotiradores Vasili Zaitsev y Heinz Thorvald. Brillante arranque, ambientando magistralmente la precaria realidad de los soldados soviéticos en el momento de la lucha.

-Pearl Harbor (Michael Bay, 2001). No sabría decir si es la película bélica más floja del siglo, o el dramón romántico mejor ambientado de todos los tiempos. Excesiva en todos los sentidos, sobre todo en lo que a duración se refiere.

-La mandolina del capitán Corelli (John Madden, 2001).

-Windtalkers (John Woo, 2002).

-La guerra de Hart (Gregory Hoblit, 2002). 

-El hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004). Film que retrata con rigor los últimos días de Hitler en su bunker del Berlín asediado por las tropas soviéticas.

-Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima (Clint Eastwood, 2006) son las dos caras de una misma moneda. En ambas se trata la batalla de Iwo Jima, asumiendo el punto de vista estadounidense y japonés respectivamente. En mi opinión, el guión de la segunda es bastante superior.

-Valkiria (Bryan Singer, 2008). A mi juicio nos encontramos ante una película infravalorada. Es cierto que en ocasiones se ve falta de espectacularidad, quizás por no contar con un presupuesto desorbitado. Pero es un film de factura notable, con una trama bien desarrollada que se sigue con interés.


-Maditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009). Revisión tarantiniana del género bélico ambientado en la Segunda Guerra Mundial, combinando el estilo de los clásicos con su sello personal. De histórica tiene poco, pero la ambientación es sublime y, como todas las películas del director, cuenta con grandísimos personajes como el coronel nazi Hans Landa, carismático y abominable a partes iguales.

-Silencio en la nieve (Gerardo Herrero, 2011). No es una película bélica, sino un thriller protagonizado por el soldado Andrade, encargado de investigar una serie de asesinatos entre los combatientes de la División Azul. Un film correcto y valiente, pero demasiado sobrio y, quizás, tan frío como su ambientación.



-Monuments men (George Clooney, 2014). Un grupo de historiadores y expertos en arte recibe la misión de recuperar las obras de arte robadas por los nazis, para devolverlas a sus legítimos propietarios.


lunes, 24 de febrero de 2014

Listado de películas sobre la Segunda Guerra Mundial (I): cine bélico



Es tal la infinidad de películas, series y documentales basados en la II Guerra Mundial, que sería imposible recogerlos todos. Es por este motivo que en esta y siguientes entradas vamos a anotar los clásicos, en especial los pertenecientes al género bélico, aunque también algún drama y thriller. Por ello, series y películas centradas en otros grandes subgéneros -como el Holocausto- serán tratadas más adelante.

-El gran dictador (Charles Chaplin, 1940).

-Casablanca (Michael Curtiz, 1942). Drama ambientado en la ciudad marroquí que le da título, un lugar donde convergen todo tipo de huidos del nazismo. Establecido en ese lugar de paso, Rick, propietario del Rick's Café, se reencontrará con Ilsa -su antigua amante- y su marido, Victor Laszlo, líder de la resistencia checa y perseguido por la Gestapo.

-Días de gloria (Jacques Tourneur, 1944). 

-Objetivo: Birmania (Raoul Walsh, 1945). Notable película, realizada durante la II Guerra Mundial y de carácter propagandístico.

-Roma, ciudad abierta (Roberto Rossellini, 1945).

-Rommel, el zorro del desierto (Henry Hathaway, 1951). Film correcto, curioso si tenemos en cuenta que se trata de uno de los primeros biopics de la Segunda Guerra Mundial y, para más señas, estadounidense. En él se recoge la última fase vital de Erwin Rommel (James Mason), desde su desengaño con Hitler hasta su implicación en el complot del 20 de julio de 1944 (cuestión que todavía en nuestro tiempo es fruto de debate).

-Las ratas del desierto (Robert Wise, 1953).

-De aquí a la eternidad (Fred Zinnemann, 1953). Un clásico de vidas entrecruzadas, ubicado en Hawai a finales de 1941.

-Embajadores en el infierno (José María Forqué, 1956). Película sobre los prisioneros de la División Azul en la Unión Soviética en los años que siguen a la Segunda Guerra Mundial. Basada en el libro homónimo del Capitán Palacios, se trata de un producto típico del cine franquista, claramente apologético y propagandístico, donde se ensalza el ideario falangista de unos hombres impasibles ante la crueldad de sus demonizados guardianes soviéticos.

-El puente sobre el río Kwai (David Lean, 1957). Magnífica historia sobre un puente levantado por prisioneros británicos en el río Kwai (Tailandia) y de un grupo de comandos encargado de volarlo.

-Los cañones de Navarone (J. Lee Thompson, 1961). Cine bélico puro y duro. Un comando británico debe acabar con la fortaleza de Navarone, escollo para las operaciones navales aliadas en el Egeo.

-El día más largo (Ken Annakin, Andrew Marton y Bernhard Wicki, 1962).

-La gran evasión (John Sturges, 1963). Un clásico en toda regla, basado en la historia real de seiscientos soldados y oficiales aliados que prepararon su fuga de un campo de prisioneros nazi. Muy entretenida.

-El tren (John Frankenheimer, 1964).  Brillante película que abre un debate entre el valor de la vida humana y el arte como patrimonio de la humanidad. Una película honesta y que dignifica a la clase trabajadora, personificada en esos maquinistas franceses que sacrifican sus vidas por unas pinturas que no comprenden.

-La noche de los generales (Anatole Litvak, 1966). Thriller ambientado en la II Guerra Mundial, con un brillante Peter O'Toole, cuya interpretación es la mitad de la película. Muy interesante.


-Doce del patíbulo (Robert Aldrich, 1967). Buen reparto y una historia original: el indisciplinado comandante Reisman deberá infiltrarse en territorio enemigo para asaltar una fortaleza donde se hospedan altos cargos nazis. Para ello contará con la ayuda de doce presidiarios, a los que previamente deberá adiestrar.

-El desafío de las águilas (Brian G. Hutton, 1968). Un clásico. Entretenido film sobre un comando encargado de rescatar a un general prisionero de los alemanes.

-La batalla de Berlín (Liberación) (Yuri Ozerov y Julius Kun, 1969).

-La batalla de Inglaterra (Guy Hamilton, 1969).

-Tora! Tora! Tora! (Richard Fleischer, Kinji Fukasaku y Toshio Masuda, 1970). Milimétrica recreación del ataque sorpresa japonés contra Pearl Harbor.

-Patton (Franklin J. Schaffner, 1970). Interesante biografía de George S. Patton.

-Los violentos de Kelly (Brian G. Hutton, 1970). Genial, divertida y plagada de personajes memorables, como Oddball (Donald Sutherland). Su profunda ironía la convierte en una sátira de la II Guerra Mundial.

-Un puente lejano (Richard Attenborough, 1977).

-La cruz de hierro (Sam Peckinpah, 1977). Grandiosa película, una de las mejores sobre el conflicto. Cuenta con la originalidad de centrarse en los soldados alemanes que combaten a la defensiva en la península de Crimea contra las tropas soviéticas, lo cual no es frecuente tratándose de una producción británica. Peckinpah imprime su sello personal, tanto en las muertes a cámara lenta como en su habitual toque crepuscular. A destacar el antagonismo entre el sargento Steiner y el vanidoso capitán Stransky. El primero, un hombre que solo sirve para luchar en el fango. El segundo, un aristócrata prusiano vanidoso y cobarde que solo quiere conseguir la medallita que da nombre al film.

-Das Boot (Wolfgang Petersen, 1981). Magistral y claustrofóbica película que narra la historia de la tripulación de un submarino alemán. Un claro referente del subgénero, y nunca mejor dicho, de submarinos. No obstante, abstenerse aquellos que busquen un film comercial y de puro entretenimiento.


-Evasión o victoria (John Huston, 1981). Película correcta, que pretende seguir la estela de La gran evasión. Cuanto menos, entretenida. Basada en la historia del FC Start, si bien la ambientación en un campo de prisioneros fue cosa del guión.

-Masacre: ven y mira (Elem Klimov, 1985).

-Los panzers de la muerte (Gordon Hessler, 1987). Película basada en los escritos de Sven Hassel. Pasable entretenimiento.

-El imperio del sol (Steven Spielberg, 1987). Es una película bonita, aunque narra una historia dura, la de un niño (Christian Bale) de clase alta al que la guerra separa de sus padres.

-La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata, 1988). Película de animación, que narra la historia de los hijos de un oficial de la marina japonesa.


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Listado de películas sobre la Segunda Guerra Mundial (II): cine bélico

Listado de películas sobre la Segunda Guerra Mundial (III): cine sobre el Holocausto

miércoles, 12 de febrero de 2014

Napoleón Bonaparte (III): Los Cien Días





Viene de: Napoleón Bonaparte: el emperador de Francia (1808-1814)

La restauración borbónica en la persona de Luis XVIII no tardó en perder su inicial apoyo popular. El mito de Napoleón comenzó a acrecentarse nuevamente y éste, bien informado de la situación a pesar de su exilio, regresó a Francia. El 1 de marzo de 1815 desembarcaba junto a su guardia personal (menos de un millar de soldados) en las cercanías de Cannes. En su avance hacia París, recurrió a sus habituales arengas, ganando adeptos allá por donde pasaba. Los campesinos se sumaban a su causa, al tiempo que las tropas enviadas por Luis XVIII desertaban para unirse a su marcha hacia el norte. El 14 de marzo, las tropas del mariscal Ney interrumpían el paso a Napoleón y sus hombres. El Emperador, para evitar un baño de sangre, avanzó hacia las tropas que le apuntaban y, cómo no, recurrió a las palabras. Nuevamente, aquellos que tenían por misión detener al emperador, cayeron rendidos ante su presencia, con su mariscal incluido.

De este modo, el 20 de marzo, Napoleón entraba en el Palacio de las Tullerías sin haber recurrido a la violencia. Pero era consciente de que los tiempos habían cambiado. Aunque en general tenía el apoyo de los franceses, éstos no deseaban más guerras. Por tanto, lejos de buscar el conflicto con sus habituales enemigos, Napoleón trató de garantizar que no quería otra cosa que la paz. La respuesta de los aliados no pudo ser más contundente: formaron la Séptima Coalición (Gran Bretaña, Austria, Rusia y Prusia) y declararon la guerra a la persona de Napoleón -que no a Francia-.

Una formidable maquinaria bélica se ponía en marcha contra Francia, y Napoleón, haciendo gala de su habitual iniciativa, se percató de que una batalla decisiva sería la única esperanza. En Bruselas se encontraba el británico Wellington, apoyado en su ala izquierda por el prusiano Blücher. Los ejércitos austriaco y ruso (éste último concebido como reserva) aún se encontraban demasiado lejos como para constituir una amenaza. Un golpe devastador contra los ejércitos de Wellington y Blücher podrían suponer el fin de la guerra...

Napoleón cosechó dos victorias importantes en Quatre Bras y Ligny. En esta última batalla, las tropas prusianas del viejo mariscal Blücher sufrieron una buena paliza, pero la fallida persecución francesa no convirtió la batalla en una victoria decisiva. Las tropas prusianas huídas consiguieron reagruparse, por lo que seguían constituyendo una amenaza. El emperador envió a un tercio de sus hombres en su persecución, al mando del mariscal Grouchy.

El 18 de junio tenía lugar la batalla de Waterloo. Wellington adoptó una posición defensiva, dejando a sus espaldas un área boscosa. Napoleón interpretó este hecho como un mal paso, pero Wellington sabía lo que se hacía, pues casualmente había reconocido la zona meses antes. Su única esperanza consistía en ganar tiempo hasta la llegada de Blücher en su ayuda, cosa que al comienzo de la batalla pendía de un hilo.

La batalla acabó como es bien sabido. Grouchy no consiguió alcanzar la retaguardia prusiana, y Blücher logró llegar al campo de batalla en ayuda de Wellington. La línea de la Vieja Guardia francesa, la tropa de élite del emperador, acabó rota, acabando con toda esperanza. Los errores de Ney, las lagunas del plan de un Napoleón cansado y enfermo a causa de sus problemas estomacales, y la lentitud de Grouchy, abocaron a su fin a la causa imperial. Es cierto que Waterloo, en un sentido militar, pudo no ser tan determinante como se cree. Muchas de las tropas lograron reagruparse, a lo que hay que sumar los hombres de Grouchy. Sin embargo, Napoleón perdió todos sus apoyos en París y se vio obligado a abdicar el 22 de junio. Sus esperanzas de exiliarse en los Estados Unidos e incluso en Gran Bretaña se vieron truncadas, acabando confinado por los británicos en la isla de Santa Elena.


FUENTES


CHANDLER, D.: Las campañas de Napoleón. Un emperador en el campo de batalla, de Tolón a Waterloo (1796-1815). Madrid, La Esfera de los Libros, 2005.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Fusil de asalto AK-47: Kaláshnikov, el enemigo de occidente


Mijaíl Kaláshnikov. Fuente: www.kremlin.ru.

Es el arma más famosa del mundo. Creado por Mijaíl Kaláshnikov, el nombre completo de este fusil de asalto es Avtomat Kaláshnikova modelo 1947, en referencia al año en el que culminó el diseño de su arma. Kaláshnikov había sido comandante de tanque durante la Segunda Guerra Mundial hasta que, herido en combate, fue enviado al hospital en 1942. Los demás heridos solían quejarse de los fusiles soviéticos, y a Kaláshnikov comenzó a rondarle la idea de diseñar un arma. Para 1947 ya era el arma estándar del ejército soviético.

La clave de su éxito reside en su fácil utilización y eficacia ante cualquier situación o inclemencia. Su calidad dejaba en evidencia al fusil de asalto estadounidense M16: mayor capacidad de cargador (30 balas por cargador frente a 20) y calibre (7,62mm contra 5,56mm) pero, sobre todo, fiabilidad: el M16 tendía a encasquillarse por la humedad o el barro. Tal es así, que en un medio como la selva de Vietnam, muchos soldados americanos abandonaban sus M16 y empleaban los AK-47 capturados a los vietnamitas. No obstante, el AK-47 también tenía sus inconvenientes en esta pugna: la mayor potencia de su calibre implicaba menor precisión.


En definitiva, el AK-47 es un arma robusta, casi indestructible. Su durabilidad y bajo costo la han llevado a los lugares más recónditos del mundo, fabricada bajo licencia en más de treinta países.

Mijaíl Kaláshnikov moría el pasado mes de diciembre de 2013, avergonzado por su creación. Durante toda su vida la había defendido con orgullo, pero ese sentimiento dio paso a la amargura ante el uso que se hacía de su arma, diseñada para defender a la Unión Soviética, y no para ser empleada en matanzas y guerras civiles a lo largo del mundo. En 2008, a causa del empleo de su arma por grupos terroristas y niños soldados, afirmó: "Es triste para mí cuando elementos criminales de todo tipo disparan con mi arma". Se estima que cada año mueren unas 250.000 personas por fuego de su fusil de asalto.




FUENTES


RT Actualidad, 24 de diciembre de 2013

La Vanguardia, 13 de enero de 2014

Alhucemas: Cómo poner fin a una cadena de errores

    En este vídeo analizamos cómo, en septiembre de 1925, el desembarco de Alhucemas puso fin a una cadena de errores que tuvo su comienzo c...