miércoles, 25 de junio de 2014

Castillo de Colditz: campo de prisioneros de la Segunda Guerra Mundial


Castillo de Colditz, abril de 1945.


El castillo de Colditz, ubicado en el norte de Sajonia (este de Alemania), es una fortaleza de origen medieval a la que se le dio uso como hospital para enfermos mentales entre 1829 y 1924. Tras la llegada al poder de los nazis, en 1933 se convierte en una prisión para todo tipo de disidentes y perseguidos como comunistas, homosexuales, judíos o gitanos. En 1940, dados los problemas de la Wehrmacht a la hora de custodiar a los prisioneros de guerra, este famoso castillo se convirtió en un campo de alta seguridad. Denominado oficialmente Oflag IV-C, estaba destinado al confinamiento de oficiales aliados y, concretamente, de aquellos que habían intentado fugarse en ocasiones anteriores. Sobre el papel, las características del castillo parecían convertirlo en una prisión imposible de abandonar: muros ciegos de 30 metros de altura, alambradas y proyectores en cada punto estratégico, y un nutrido grupo de guardianes que, superior en número a los prisioneros, hacía guardia por todos los rincones. Estas medidas físicas se complementaban con las de información, contando con informes personalizados de los cautivos y sometiéndoles a vigilancia constante, incluso con micrófonos ocultos; y las psicológicas, limitando el contacto de éstos con sus familiares mediante correo y apoyándose en la baja moral, provocada sobre todo por la claustrofobia.

No obstante, si Colditz había sido pensado como un cesto en el cual introducir todas las manzanas podridas (es decir, a los más osados y veteranos escapistas de la oficialidad aliada), bien es cierto que estos hombres tuvieron ocasión de probar su ingenio. En total, había unos 500 prisioneros. Hasta la liberación, que tuvo lugar el 15 de abril de 1945, se produjeron nada menos que 300 intentos de fuga, de los cuales 32 tuvieron éxito.

Es evidente que, atendiendo a los datos anteriores, Colditz se convirtió en un hervidero de ideas, un lugar donde se trazaron los planes de huida más ingeniosos. La primera fuga la protagonizó el británico Peter Allan, que logró abandonar el castillo en el interior de un colchón a finales de 1940. Sin embargo, días más tarde, cansado y hambriento, acabó entregándose a los alemanes. El 11 de abril de 1941, tendrá lugar la primera fuga exitosa, la del teniente francés Alain Le Ray, que logró descender por un cable de pararrayos. Sus compatriotas no estaban mano sobre mano, sino que habían trabajado ese mismo año en la excavación de un túnel bajo la capilla del castillo. Por desgracia, fueron descubiertos cuando restaban 9 metros para alcanzar el exterior.

Alain Le Ray, el primer fugado de Colditz. Fuente: http://enmemoiredelaresistance.unblog.fr/

Otras fugas fallidas -por destacar algunas- fueron las de los polacos Surmanowicz y Chmiel, que en mayo de 1941 descendieron por los muros del castillo con una cuerda formada por sábanas; y uno de los intentos de Michael Sinclair, que trató de suplantar al sargento Rothenberger, un bigotudo muy parecido físicamente al emperador austrohúngaro Francisco José. Acompañado por otros dos prisioneros disfrazados con uniforme alemán, Sinclair a punto estuvo de engañar a los centinelas, pero para su desgracia el verdadero sargento de los bigotes entró en escena en el peor momento. Sinclair nunca se rindió, hasta que en su noveno intento fue abatido. Tampoco sería exitosa la fuga de Mainesse-Lebrun, quien logró abandonar el castillo con un traje de civil y monóculo, para ser descubierto en la estación de Colditz al pagar con un billete antiguo.

Quizás el caso más llamativo sea el del planeador de Colditz, fabricado por los pilotos de la RAF John William 'Jack' Best y Bill Goldfinch. Estos amigos habían llegado a Colditz tras fugarse de la prisión Stalag Luft III. El 5 de abril de 1943, Best logró abandonar su celda, y desde entonces se convertiría en el fantasma del castillo de Colditz: escondido en el interior del castillo, cobijándose en sus numerosos rincones, pasaría inadvertido hasta el 28 de marzo de 1944. Fue en ese tiempo cuando Best comenzó a trabajar en su planeador, en una de las torres del castillo. Hubo de ayudar a su amigo Goldfinch a escapar de su celda, para contar con ayuda en su ardua tarea, utilizando como materiales barrotes de las ventanas, madera del mobiliario y un fonógrafo.

Réplica del planeador, Imperial War Museum.

Sin embargo, el proyecto se alargó en exceso, por lo que la liberación por parte de tropas aliadas impidió poner en práctica el invento, si bien podemos imaginar la sorpresa de los libertadores al encontrarse el planeador en el interior del castillo: un aparato de seis metros de largo por diez de envergadura, que pesaba más de 100 Kg. Se ignora qué fue del planeador, ya que la zona quedó bajo control de la Unión Soviética que, por cierto, continuó utilizando el castillo como prisión para alemanes y disidentes durante un tiempo.




FUENTES


CASANOVA, F.: "La fuga de Colditz", en Blog Historias de nuestra Historia.

FONT, L.: "La fuga más disparatada de Colditz, el planeador que nunca llegó a usarse", en www.1001experiencias.com.

"El planeador de Colditz", en Blog La Escalera de Iakob.

"Fuga de Colditz (8): Peter Allan y su colchón", en www.historiassegundaguerramundial.com.

"El fantasma del castillo de Colditz", en www.anfrix.com.

jueves, 12 de junio de 2014

Listado de películas sobre gánsteres: (II) Las otras "mafias"


Nuestro colaborador salda con esta entrada una cuenta pendiente al cerrar el ciclo sobre películas de gánsteres que tanto éxito tuvo entre nuestros visitantes. En esta ocasión, se centrará en las distintas organizaciones criminales que han marcado la realidad social, económica e incluso política a lo largo del mundo.



Mario Fernández Lago
Estudiante de Historia


Viene del artículo anterior: (I) La mafia italiana

Vamos a tratar el recurrente tema de la mafia, si bien en esta ocasión no seremos tan técnicos. Es decir, no nos limitaremos a las organizaciones criminales de origen italoamericano sino que ampliaremos a otros colectivos como latinos, rusos o irlandeses.

-El precio del poder (Brian De Palma, 1983). Obra maestra tanto por su guión como por las irrepetibles escenas. Se muestra la influencia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba en una importante zona común como es la legendaria ciudad de Miami, en el estado de Florida. Respecto a Miami, resaltar su crecimiento al amparo del blanqueo de divisas procedentes del tráfico de drogas, motivando su espectacular desarrollo urbanístico (Documental Cocaine Cowboys). Esta película posee escenas de calidad y espectacularidad únicas. Al Pacino realiza un soberbio trabajo de interpretación del gánster cubano Antonio Montana. Además, contamos con un destacado reparto en el que deslumbra una joven Michelle Pfeiffer. Aconsejamos visionarla en su versión original, ya que la interpretación de Al Pacino con acento cubano no tiene precio.

He de recomendar el juego desarrollado para Playstation 2 y PC sobre la película, ya que permite ahondar a los fans aun más en el film de manera personal, ya que el principio del juego es el final de la película, con un espectacular inicio. Un juego interesante que pese a su simplicidad encantará a los fans del género.

Tony Montana en su mansión.
 
-Atrapado por su pasado (Brian de Palma, 1993). Unir a Brian de Palma y Al Pacino no suele aportar malos resultados. Si a esto le añadimos un soberbio Sean Penn en el papel de abogado, un joven John Leguizamo, un inesperado Viggo Mortensen y el clásico Luis Guzmán, nos encontramos ante una obra maestra.  La historia de Carlito Brigante enamorará al público por su drama, acción y brillante guión.

Carlito (Al Pacino) junto a su abogado Kleinfeld (Sean Penn). Fuente: http://hollywoodpeliculas.blogspot.com.es

-American Gangster (Ridley Scott, 2007). Esta película nos muestra la historia de Franck Lucas a través del magnífico actor Denzel Washington. Basada en un hecho real, no debemos obviar su sublime reparto, destacando Russell Crowe, que protagoniza un brillante duelo interpretativo con Denzel. Esta interesante película se aleja del aroma clásico dada su modernidad, pero no por ello pierde atractivo sino que gana en dinamismo pese a su larga duración, deleitándonos con magníficas escenas que nos causarán un profundo efecto al amparo del legendario barrio del Bronx.


-Hampones (Bill Duke, 1997). Película que recomiendo visualizar antes de American Gangster, ya que es una interesante biografía del mafioso que precede a Frank Lucas, el legendario Bumpy Johnson en dura pugna con Dutch Schultz, interpretado por un soberbio Tim Roth. Pese a ser relativamente reciente, nos obsequia con la clásica lentitud de las tradicionales películas de mafia. Cuenta con un buen reparto que causará la sorpresa de numerosos fans.

-Empire (Frank Reyes, 2002). Película reciente, que nos muestra el crecimiento que se experimenta al amparo del tráfico de drogas y la problemática que conlleva. Interesante historia que nos ubica en el Bronx, mostrándonos los cambios sociales que afectaron a este barrio metropolitano de Nueva York.

-Ciudad de Dios (Fernando Meirelles y Kátia Lund, 2002). La obra cumbre del cine brasileño, por lo menos desde mi punto de vista. La relación entre favelas, pobreza, drogas, corrupción, policía,... todo ello en el especial ámbito brasileño, dotándolo de unas características particulares. Además de las magníficas interpretaciones, a nadie le dejará indiferente esta película que cualquier persona que la haya visto, la considerará en su top 50.

Fuente: Filmaffinity.

-Promesas del Este (David Cronenberg, 2007). La película más destacada sobre la mafia rusa. Te sorprenderá, agradará y conmoverá. Es un peliculón que cuenta con la soberbia interpretación del camaleónico Viggo Mortesen.

-L.A. Confidential (Kurtis Hanson, 1997). Entretenidísima película sobre la policía en el Estado de California y su relación con el crimen organizado. Además nos permite adentrarnos en las relaciones entre el mundo del cine y el hampa. Destaca su magnífico reparto, con actores tan brillantes como Russell Crowe, Guy Pearce o Kim Basinger.

-Malas calles (Martin Scorsese, 1973). Excelente film que reune las características clásicas del género: lentitud, sorpresa y soberbias interpretaciones. Enmarcado en la mítica Little Italy, a través de los señores De Niro y Keitel nos adentraremos en este misterioso ámbito social.


-La noche es nuestra (James Gray, 2007).  Película reciente, con un reparto soberbio que nos acerca a las relaciones entre el mundo del hampa y de la policía, siempre más ligados de lo debido. En este caso, es el ámbito familiar lo que caracteriza los tintes dramáticos que causarán gran emoción y sentimientos.

-Layer Cake (Matthew Vaughn, 2004). Excelente film protagonizado por el posteriormente Bonderizado Daniel Craig, que nos acerca al ámbito de la Europa norteña a través de las mafias modernas. Interesante película que destaca por la excelencia de su guión, que nos lleva a un carrusel de emociones a través de personajes muy duros.

-El clan de los irlandeses (Phil Joanou, 1990). Magnífica película que se refiere al grupo social de los irlandeses y a las clásicas relaciones entre Irlanda y los Estados Unidos. Debemos destacar su espectacular reparto, que garantiza un film entretenido, ameno y emotivo.

-Mata al irlandés (Jonathan Hensleigh, 2011). Film reciente que trata la historia real de Danny Green a través de la inclusión de varios géneros como acción, biografía, crimen o drama, para aproximarnos a este interesante personaje de los años 70.

-Muerte entre las flores (Joel Coen, 1990). Película sobre la prohibición con el trasfondo de una historia de amor que provoca el conflicto entre antiguos amigos. Dirección a cargo de los hermanos Coen.

-El rey de Nueva York (Abel Ferrara, 1990). Película sobre la vieja ciudad de Nueva Ámsterdam. Trata sobre la violencia relacionada con el crimen a través de un reparto que no es de primer nivel pero que sí cuenta con grandes actores como Christopher Walken, David Caruso o Laurence Fishburne.

-El imperio del mal (Michael Karbeinikoff, 1991). Película que tiene buena pinta, hasta que compruebas que el protagonista es... Christian Slater (con todos mis respetos, sólo me gusta en El Nombre de la Rosa) y un mal reparto. Claro aroma a serie B.

22 Balas (El inmortal) (Richard Berry, 2010). Película sobre un antiguo miembro de la mafia que trata de abordar sus problemas. Protagonizada por Jean Reno.

-Ases calientes (Joe Carnahan, 2007). Descarriada película de acción que aborda la cuestión del cambio de identidad y su utilidad para el crimen organizado. Se aleja del típico cine de mafia, de hecho es una sucesión de acción con poca conexión.

-Billy Bathgate (Robert Benton, 1991). Película sobre el amor en el mundo del crimen organizado. Pese a contar con Dustin Hoffman, Nicole Kidman y el camaleónico Bruce Willis no llega a ser una película de gran calidad.

-Diablo (F. Gary Gray, 2003). Entretenidísimo film que trata sobre el poder y el cambio de identidad. Con el protagonismo de un Vin Diesel sublime que realiza una de sus mejores interpretaciones.

-Ajuste de cuentas (Brian Koppelman y David Levien, 2001). Interesante film de acción sobre las relaciones familiares y sociales en las organizaciones criminales, con un elenco de secundarios que sorprenderá al público. El mejor papel de Vin Diesel, bordando el papel de un duro matón.

-Blue Hill Avenue (Craig Ross Jr., 2001). La temática afroamericana es tratada en diferentes films con distinto éxito y, en este caso, nos encontramos con una entretenida película.

-Menace II Society (Albert Hughes y Allen Hughes, 1993). El concepto "la esquina", tan habitual en el mundo norteamericano con sus derivaciones sociales, es tratado en este soberbio film de manera excepcional a través de un drama que nos acercará a estas difíciles calles.

-Salvajes (Oliver Stone, 2012). Entretenido film de mucha acción que trata de acercarnos a unas mafias actuales que operan como verdaderas multinacionales. En este caso, aparecen relacionadas con un mercado independiente como el de la marihuana, que posee unas características especiales dada su diferente legislación.

-El Siciliano (Michael Cimino, 1987). El principal atractivo de esta película es el inmortal Christopher Lambert, lo que nos indica que se trata de una película de serie B que no destaca por su calidad pero con temática entretenida, si bien Lambert no encaja demasiado como siciliano.

 -Gang Tapes (Adam Ripp, 2001). Entretenido film que nos aproxima a los difíciles ámbitos de las calles, que pese a no contar con gran reparto ni un brillante guión es una interesante película que no dejará indiferente a nadie.

-Hampa dorada (Gordon Douglas, 1967). Esta película, pese a su antigüedad, me ha sorprendido gratamente con dos hechos, la importancia de Miami Beach y, sobre todo, el protagonismo del legendario Frank Sinatra.


-El Don ha muerto (Richard Fleischer, 1973). Película de serie B que nos aproxima a las consecuencias que causa en el mundo criminal la caída de su líder. En esta película contamos con el malogrado Anthony Quinn.

-El Narco (El infierno) (Luis Estrada, 2010). Se trata de una película extraña ya que hay pocos films que traten el tema mexicano, tan de moda hoy en día y que intimida en gran medida. En este caso se trata de una producción mexicana en forma de drama, pero con tintes cómicos dada la peculiaridad de esta zona con hechos diferenciadores como los narcocorridos.

-La matanza del día de San Valentín (Roger Corman, 1967). Pocos films tratan sobre el conflictivo personaje de Al Capone, y más en concreto, los hechos que le encumbraron al poder en la ciudad de Chicago. La leyenda de Al Capone se extendió basándose en su poder y el temor de sus enemigos.

-Salvatore Giuliano (Francesco Rosi, 1962). Otro clásico mafioso con gran final. Pese a no contar con un reparto popular, es un film que nos sorprenderá por su calidad.

-Una historia de violencia (David Cronenberg, 2005). Llamativo film que nos enmarca en la problemática del héroe anónimo a través de Viggo Mortensen y Ed Harris.


miércoles, 21 de mayo de 2014

Los generales de Napoleón (I): Charles de la Bédoyère



Charles Angélique François Huchet (1786-1815), conde de la Bédoyère, fue uno de los generales más jóvenes de Napoleón. A pesar de pertenecer a una familia bretona de tradición monárquica, la Bedóyère fue un enamorado de los ideales de la Revolución. Ingresó en el Ejercito en 1806 y un año más tarde combatió en Prusia y Polonia, siendo ascendido a teniente e ingresando en el 11º regimiento de Chasseurs à cheval. En 1808 participó en la Guerra de la Independencia española como ayudante de campo del mariscal Lannes, resultando herido en la batalla de Tudela y siendo posteriormente ascendido a capitán. Será herido nuevamente en la batalla de Aspern-Essling, en 1809, y tras la muerte del mariscal Lannes se convirtió en ayudante de campo de Eugène de Beauharnais, hijo adoptivo de Napoleón.

Durante la campaña de Rusia, La Bédoyère participó en las batallas de Moscú y del Berézina, siendo ascendido a coronel. En 1813 contrajo matrimonio con Georgine de Chastellux, de familia monárquica. Ya en marzo de 1814, tomará parte en la defensa de París. Tras el exilio de Napoleón, la Bédoyère mantendrá su lealtad y abandonará el Ejército por un tiempo, si bien acabó aceptando el mando del 7º Regimiento de Línea estacionado en Chambéry (Saboya). Sin embargo, cuando Napoleón regresó a Francia, la Bédoyère y sus tropas desertaron del Ejército realista, poniéndose al servicio del emperador y ocupando Grenoble. Napoleón le recompensó con el ascenso a general. En la campaña de los cien días actuó como ayudante de campo del emperador, combatiendo en Ligny, Quatre Bras y, por último, en Waterloo.

A pesar de la amnistía decretada tras la segunda restauración, la Bédoyère fue arrestado y condenado a muerte. Había previsto su huida a América, pero fue capturado en París cuando acudió a despedirse de su mujer e hijo. Al igual que el mariscal Ney, él mismo dio la orden de abrir fuego a su pelotón de fusilamiento el día 19 de agosto de 1815. Tenía 29 años.




FUENTES

jueves, 15 de mayo de 2014

El Pacto Ibérico (1942): Franco y Salazar ante la Segunda Guerra Mundial


Serrano Suñer, Franco y Salazar, en el encuentro de Sevilla de 1942. Fuente: ABC.

En marzo de 1939, los representantes de Portugal y la España de Franco firmaban el Tratado de Amistad y No Agresión, en plena escalada de tensión internacional y ante un futuro incierto marcado por numerosos interrogantes que podrían llevar a un nuevo conflicto en la Península Ibérica.

Las relaciones entre España y Portugal habían pasado por una mala etapa durante la II República, debido al antagonismo existente entre el modelo de república burguesa y democrática y el dictatorial Estado Novo portugués. De ahí la ayuda logística, diplomática y militar -envío de los "viriatos"- prestada por el país luso al bando nacional durante la Guerra Civil. Sin embargo, a comienzos de 1939, los recelos parecían aumentar por ambas partes. Desde Lisboa se comenzó a percibir los peligros de la afinidad de la España franquista con Alemania e Italia, países con los que además había contraído una importante deuda durante el conflicto fratricida. Eso por no mencionar el discurso imperialista del ideario falangista, que fijaba su ambición hacia Portugal, Gibraltar y el norte de África. En cambio, desde Madrid se desconfiaba de la tradicional alianza luso-británica, que amenazaba el costado español en el supuesto de un conflicto internacional cuando todavía no había finalizado la Guerra Civil.

Dos figuras fueron fundamentales en la antesala del Tratado: Nicolás Franco, hermano del dictador; y Pedro Teotónio Pereira, hombre de confianza de António de Oliveira Salazar. Desde 1938, ambos prepararon el terreno para el acuerdo con las negociaciones de Burgos y Monte Caramelo (1). En marzo de 1939 se firmaba el Tratado, al que siguió su Protocolo Adicional de julio de 1940, con los cuales ambas partes trataban de neutralizarse como amenaza. Como diría H. de la Torre, la apuesta salazarista se basó en  "neutralizar el espacio peninsular" (2).


Gómez-Jordana, ministro de Asuntos Exteriores
entre 1942 y 1944.

 No obstante, estos acuerdos no impidieron que España estuviese a punto de entrar en guerra junto a Alemania e Italia. Es bien sabida la actitud inicial del régimen franquista durante la Segunda Guerra Mundial, claramente proeje, y el hecho de que permaneciese fuera de la conflagración mundial debe achacarse más bien a la actitud de Alemania. Sin embargo, la prolongación del conflicto y los reveses sufridos por el Eje llevaron a España a una actitud más cautelosa. En el marco de una nueva estrategia de aproximación a los Aliados y reafirmación de su neutralidad, las autoridades españolas vieron en Portugal una vía de comunicación con las potencias aliadas. Todo ello culminó en el encuentro de Franco y Salazar en Sevilla, en febrero de 1942. Tras el nombramiento del proaliado Francisco Gómez-Jordana Sousa como ministro de Asuntos Exteriores, en diciembre se creó el Bloque Ibérico. Si Portugal firmaba el nuevo acuerdo con el visto bueno de Gran Bretaña, no es menos cierto que Franco sabía que Churchill no sería excesivamente duro con un régimen anticomunista como el suyo. En definitiva, el Pacto Ibérico aseguró las fronteras de la Península Ibérica, e influyó en el mantenimiento de ambos países fuera de la conflagración mundial. No obstante, hubo otros factores determinantes que mantuvieron a España fuera de la Segunda Guerra Mundial.

El Pacto Ibérico resultó beneficioso para España una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. Portugal, valiéndose de su influencia internacional, otorgará un importante apoyo diplomático a una España repudiada internacionalmente. Para H. de la Torre, a pesar de haber surgido en un contexto de tensión, el tratado debe insertarse en una fase de buena voluntad entre Portugal y España para poner fin a su tradicional distanciamiento (3). La Revolución de los Claveles de 1974 pondría fin al Pacto Ibérico, si bien en 1977 se firmó el Tratado de Amistad y Cooperación.


(1) CARCEDO, D.: "Franco y Portugal. Treinta años de relaciones entre dos dictaduras" en Historia y Vida, nº471, p.73.
(2) TORRE, H. de la: "La relación hispano-portuguesa en el siglo XX" en TUSELL, J. y AVILÉS, J.: La política exterior de España en el siglo XX. Madrid, Biblioteca Nueva, 2000, p.170.
(3) Ídem, p.172.


FUENTES


CARCEDO, D.: "Franco y Portugal. Treinta años de relaciones entre dos dictaduras" en Historia y Vida, nº471, pp.70-79.

TORRE, H. de la: "La relación hispano-portuguesa en el siglo XX" en TUSELL, J. y AVILÉS, J.: La política exterior de España en el siglo XX. Madrid, Biblioteca Nueva, 2000, pp.159-186.


viernes, 9 de mayo de 2014

"Waterloo" (1970): La última batalla de Napoleón, en el cine


Escena en la que Napoleón (Rod Steiger) firma el tratado de Fontainebleau de 1814.
El cuidado de la estética es una de las marcas de la película.

Waterloo es una película fascinante. Un verdadero clásico del cine, aunque un tanto maltratado debido a sus pobres resultados en taquilla. De hecho, hay quien culpa a esta producción ítalo-soviética de haber llevado a Stanley Kubrick a desechar su faraónico proyecto de película sobre Napoleón. Cosas de la vida. De todos modos, Waterloo es un film que hará las delicias de los aficionados al cine bélico ambientado en la época napoleónica, de obligado visionado en versión original ya que el monótono doblaje al castellano lastra notablemente la grandilocuencia de sus personajes.

Producida por Dino de Laurentiis, la dirección corrió a cargo de Sergei Bondarchuk, tras el éxito de su anterior película, Guerra y Paz, premiada con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1968. Así mismo, contó con un reparto de primera categoría aunque quizás no demasiado comercial, donde destacan Rod Steiger (Napoleón), Christopher Plummer (Wellington), Orson Welles (en un breve pero contundente papel como Luis XVIII) o Dan O' Herlihy (encarnando al parecidísimo mariscal Michel Ney).

Dan O' Herlihy en el papel del enérgico mariscal Ney.

Guión

Un guión sólido, excelentemente documentado, que busca recrear los hechos históricos que representa con fidelidad y detalle, tomándose pocas licencias (aunque alguna hay). En cuanto a la estructura del film, a modo de prólogo, arranca con la imagen de un Napoleón forzado a abdicar por sus mariscales. Tras los créditos iniciales, combinados con imágenes del emperador en un barco rumbo a Elba, se distinguen dos grandes bloques. El primero, protagonizado por Napoleón o, si se quiere, el bando francés, muestra el regreso del emperador, así como sus intentos por evitar la guerra. Un segundo bloque, el de la batalla propiamente dicha, se presenta bastante equilibrado mediante el binomio Napoleón-Wellington. Fundamental la escena del baile, quizás un tanto tediosa pero necesaria -que a mí personalmente me recuerda a la de El Gatopardo-, pues sirve como transición entre ambas partes del film, al tiempo que refleja la lentitud de los británicos frente a un Napoleón que ya había cruzado la frontera.



Teatralidad

La interpretación de Rod Steiger como Napoleón es sublime, en mi opinión la mitad de la película. Consigue reflejar las contradicciones y pesares de un emperador cansado y enfermo, pero que aún conserva destellos de su vibrante genialidad. Steiger combina energía y languidez, retratando esa doble vertiente inherente a la condición humana: el Napoleón público, enérgico y carismático; y el Napoleón privado, el que sufre, duda y mira hacia el pasado con melancolía. Un Napoleón, en definitiva, humano, sin idealismos. El único toque épico lo aporta la magnífica banda sonora de Nino Rota.




El detalle

Un film cargado de simbología, de cuidada estética y gusto por los detalles. Memorable la escena en la que Napoleón avanza hacia el 5º Regimiento de Línea. Lejos de idealismos, se refleja a un hombre terrenal, con barba de varios días y el ropaje deslucido por el polvo del camino. La estética de la época se refleja no solo en los uniformes (perfectos, si los comparamos con producciones muy posteriores como el notable telefilm Napoleón), sino también en decorados (castillo de Hougoumont, por ejemplo), frases y conversaciones plasmadas tal y como han quedado recogidas en los libros y documentos de la época, o la formación de las unidades. Mención especial merece la caracterización de los personajes, con parecidos muy logrados en buena parte de los casos. Ese afán por el detalle llevó a los realizadores a tomar obras pictóricas como referente a la hora de recrear escenas tales como la carga de los Scots Greys.


Plano que recuerda a la obra Scotland Forever! de Lady Butler (1881).



Espectacularidad

Durante el rodaje se emplearon miles de extras, de hecho soldados del Ejército Rojo encarnaron a las tropas británicas. Esta recreación masiva, conjugada con el magistral empleo de la cámara por parte de Bondarchuk, brinda a los espectadores unas imágenes impresionantes, en un tiempo en el que no existían efectos digitales. Grandiosa la escena que recrea la carga de caballería de Ney con miles de jinetes. Esa grandiosidad también se puede apreciar en el siguiente fragmento, uno de los momentos cumbre de esta gran desconocida que es Waterloo.




FUENTES


Blog de Cine Bélico e Histórico del Major Reisman 

IMDb

miércoles, 30 de abril de 2014

Listado de películas de la Segunda Guerra Mundial (III): Cine sobre el Holocausto




Lo prometido es deuda. Esta vez le corresponde el turno a una temática que ha dado grandes clásicos a la Historia del Cine, quizás porque exige un gran respeto a la hora de aproximarse a ella. Recogemos los títulos más destacados, y como en anteriores listados de películas, os animamos a aportar vuestras ideas y opiniones en comentarios.

-El diario de Ana Frank (George Stevens, 1959). Basada en el famoso diario de la niña judía Annelies Marie Frank Hollander, conocida como Ana Frank.

-Desnudo entre lobos (Frank Beyer, 1963). Película producida en Alemania del Este, donde se narra la historia de un niño que llega al campo de concentración de Auschwitz dentro de una maleta.

-El prestamista (Sidney Lumet, 1964). Primera película estadounidense que aborda el Holocausto desde la perspectiva de un superviviente. El gran Sidney Lumet dirige esta película sobre Sol Nazerman (Rod Steiger), un prestamista judío que ha sobrevivido a un campo de exterminio y convive con la amargura de haber perdido a sus seres queridos: sus dos hijos y su esposa, violada por oficiales nazis antes de morir.


-Holocausto (Marvin J. Chomsky, 1978). Miniserie en la que se refleja la persecución a la que es sometida la familia del doctor Josef Weiss.

-La decisión de Sophie (Alan J. Pakula, 1982). Magnífico drama en el que Meryl Streep encarna a Sophie, una joven emigrante polaca y católica que sobrevivió a Auschwitz y que vive atormentada por su pasado.

-Shoah (Claude Lanzmann, 1985). Documental de más de 9 horas de duración apoyado en el testimonio oral de las personas que sufrieron el Holocausto.

-Europa, Europa (Agnieszka Holland, 1990). Notable película sobre la vida de un joven judío polaco que será reclutado por los nazis, viéndose obligado a ocultar su identidad, para acabar convirtiéndose por casualidad en un héroe del ejército alemán.


-La lista de Shindler (Steven Spielberg, 1993). Una obra maestra, basada en la historia real de Oskar Shindler, el empresario que salvó a 1.200 judíos del Holocausto empleándolas en sus fábricas.

-La vida es bella (Roberto Benigni, 1997). Única, genial, maravillosa de principio a fin. En mi opinión, una de las mejores películas no ya del género, sino de la Historia del cine.

-Ilusiones de un mentiroso (Peter Kassovitz, 1999).

-Lo mejor de nosotros (Jan Hrebejk, 2000).

-El pianista (Roman Polanski, 2002). Una obra notable del controvertido Polanski. Protagonizada por Adrien Brody en el papel de un pianista polaco de origen judío, que se verá obligado a vivir en escondrijos para evitar ser capturado por los alemanes.

-Amén (Constantin Costa-Gavras, 2002). Film que versa sobre la controvertida actitud del Vaticano ante el Holocausto judío. Cuenta con críticas notables, centradas en la calidad de su guion así como por sus honesta actitud de denuncia.

-Sin destino (Lajos Koltai, 2005). Relato sobre un joven judio de 14 años que vive en Budapest con su familia, de la cual será separado en 1944 para acabar en los campos de Auschwitz y Buchenwald.

-El libro negro (Paul Verhoeven, 2006). Con aire de telefilm, se trata de una película ágil y muy entretenida, sobre una judía cuya familia fue asesinada. Tras unirse a la resistencia, deberá seducir a un oficial alemán para actuar como espía, entrando en juego sus sentimientos.



-El último tren a Auschwitz (Joseph Vilsmaier, Dana Vávrová, 2006). En abril de 1943 un tren  viaja rumbo a Auschwitz llevando prisioneros a 688 judíos. Algunos intentarán fugarse para evitar el campo de exterminio.

-Los falsificadores (Stefan Ruzowitzky, 2007).  Se narra la historia de un grupo de falsificadores judíos que, cautivos en un campo de concentración, son obligados a falsificar libras esterlinas y dólares americanos. Abre un debate en torno a cómo esos judíos consiguen mejores condiciones de vida con respecto al resto de prisioneros, al tiempo que con su trabajo benefician al III Reich, extenuado económica y materialmente por la guerra.

-Good (Vicente Amorim, 2008). Había que ponerla, pero en mi opinión es una película insípida y agotadora.

-Resistencia (Edward Zwick, 2008). No pasará a la Historia, pero merece un visionado. Además, trata un tema un tanto marginado en el mundo del cine, como es el de la resistencia de los judíos de la Europa oriental.

-El niño con el pijama de rayas (Mark Herman, 2008). Sobrevalorada, un producto muy adornado pero hueco en su interior, cuyo éxito comercial lo interpreto por el bombo publicitario que suelen tener las adaptaciones de bestsellers al cine. El final es forzado y sin sentido. Pura frivolidad.


jueves, 17 de abril de 2014

José Gállego Aragüés: Comandante Gállego



Nota: Recupero esta entrada de mi anterior blog, modificada y ampliada, para reivindicar la figura de un gran olvidado: el comandante Gállego.


Formación militar y primeros destinos

José Gállego Aragüés nació en Aragüés del Puerto (Huesca), en 1893. Recibió formación castrense en la Academia de Infantería de Toledo, pasando a incorporarse en el Regimiento de Infantería Galicia núm. 19. En 1914 fue destinado a Larache, en el Marruecos español, donde se unió al Regimiento de Infantería Extremadura núm. 15. Un año después, ya como teniente, se le asignó el mando de la Policía Indígena de Larache, integrada en el Grupo de Regulares núm. 4. Fue allí donde obtuvo la Cruz de Primera Clase del Mérito Militar con distintivo rojo. Tras pasar cuatro años de servicio en territorio peninsular, regresará a África en 1921, tras el desastre de Annual, con el rango de capitán. Su regreso definitivo a España tuvo lugar en 1922, permaneciendo en la guarnición de Gijón hasta que, en 1930, se le destina al Regimiento de Infantería Saboya núm. 6 de Madrid (llamado Regimiento de León tras el advenimiento de la Segunda República).


La guerra civil

18 de julio de 1936. Ese día, Gállego se encontraba de permiso en Gijón, ciudad de la que era oriunda su mujer. Tras la sublevación se puso a las órdenes del Comité de Guerra, asignándosele la comandancia militar de Gijón. Logró la rendición de los guardias civiles del cuartel de Los Campos, y procedió a la toma de los cuarteles de Zapadores y Simancas, poniendo fin a la resistencia el día 21 de agosto. Para el día siguiente, Gállego ya se había integrado en la Comandancia del Frente Occidental, para detener el avance de las columnas gallegas en la zona de La Espina.

El comunista Juan Ambou, al frente del Departamento de Guerra del Consejo Provincial del Frente Popular desde su formación el 6 de septiembre, dedica unas líneas al comandante en su obra "Los comunistas en la resistencia nacional republicana. La guerra en Asturias, País Vasco y Santander" donde destaca su lealtad a la legalidad republicana así como sus dotes de mando:

"Conocí al comandante Gállego en Gijón, dirigiendo el ataque contra las fuerzas del coronel Pinilla que ocupaban el cuartel de Simancas. [...] Después nos vimos en la zona occidental, en Salas. [...] tenía gran preocupación por cómo había de conducirse la guerra. Me hablaba de aprovechar las "Ordenanzas" de Carlos III. Y a mí no me pareció mal. Recuerdo siempre que me impresionó cómo en ellas se describe la función del cabo en relación con los soldados de su escuadra. Es una función humana, política, muy inteligente, que aplicada a la situación concreta del momento podría dar resultados. Conversamos largamente sobre cómo organizar a los grupos y a las columnas, mientras no se llegara a la militarización regular. Y el comandante Gállego escribió una serie de instrucciones tácticas para el combate, sobre todo para uso de los jefes de grupo y columna: tratar por todos los medios de ocupar el objetivo señalado con la debida protección y apoyo; mantener el enlace con los grupos o columnas que se encuentren en los costados o en la retaguardia; impedir a toda costa que las retiradas no ordenadas se convirtieran en desbandadas -sin duda, a veces así ocurría-; condenar toda clase de rumores y mentiras acerca de la supuesta inferioridad del enemigo, de imaginarios peligros de "copo" y todo aquello que pueda ir en detrimento de la moral del combatiente republicano. Así y todo hubo alguien en la dirección de nuestro partido que desconfiaba del comandante Gállego. La mayoría estuvimos siempre en contra." [1]

En febrero de 1937, las fuerzas republicanas lanzan una ofensiva para cerrar el pasillo Grado-Oviedo y tomar la capital asturiana. Ascendido a teniente coronel, Gállego se incorpora a la ofensiva al mando de la brigada de Santander.[2] Al poco tiempo fue destinado a Santander, donde habría de convertir a las milicias en tropas regulares. En julio de 1937 sería nombrado jefe del Estado Mayor del Ejército de Euzkadi:

"Desempeñó diversos mandos en Santander y en Vizcaya: jefe de la Columna núm. 1, luego 1ª División y coronel jefe del Estado Mayor del Cuerpo de Ejército de Santander. Acabó al frente del XVI Cuerpo de Ejército -Asturias- cuando cayó la provincia santanderina." [3]


Captura y muerte


Tal y como relata Marcelino Laruelo Roa, ante el avance de las tropas rebeldes y el fin inevitable del Frente Norte, parece ser que Gállego tuvo oportunidad de abandonar Santander en los buques de guerra del puerto, pero no lo hizo. Al contrario, trató de retirarse a Asturias con sus hombres, cayendo prisionero de las Brigadas Navarras en Cabuérniga. Tras pasar por la Prisión Provincial de Santander, se le trasladó a la de Bilbao. Su cautiverio duró ocho meses. Condenado a muerte por dos consejos de guerra, fue fusilado el 28 de mayo de 1938, en el cementerio bilbaíno de Vistalegre. Como decía Juan Ambou:

"Durante su cautiverio conservó alta su moral, y lo que es más importante: mantuvo hasta los últimos momentos una lealtad intachable al régimen republicano y a la nación".

 También re sefiere a él Julián Zugazagoitia, tal y como recogen Gutiérrez y Gudín:

"Apasionado por su oficio, le atribuía un sentido profundo que no era frecuente descubrir en los cuarteles españoles. Su concepción de la guerra chocaba con la de sus superiores y la de sus subalternos. Con orgullo español, se afirmaba en una lealtad profunda, que se sentía interpretada en los discursos de Azaña. Su personalidad estaba como desterrada por las carreras improvisadas, sin querella de su parte, que no gustaba de ser confundido con los que, de una a otra exigencia, hicieron mercancía del oficio y papel de renta de la lealtad. Quienes trabajaron a su lado, compartiendo los riesgos de los combates y las pausas de los intermedios, no olvidan su recuerdo ni sus lecciones de moral." [4]


El texto que un hijo de Gállego compartía en el año 2002 con La Nueva España, da buena fe de las afirmaciones de Ambou. Fue escrito por el propio José Gállego para su defensa ante el tribunal dirigido por Fidel Dávila.


Declaración ante el consejo de guerra de José Gállego Aragüés, publicada en La Nueva España, 1 de diciembre de 2002:

José Gállego Aragüés, teniente coronel de Infantería al servicio del Gobierno legal de España, ante el consejo de guerra dice: En la lucha armada y más cuando tiene el carácter de guerra civil los adversarios usan entre los medios de agresión el del lenguaje. Nacen voces o frases, generalmente con el carácter de adjetivos, que cobran fácil y rápida circulación entre la multitud y los usa lanzándolos en intención al contrario cargados con un acento de maldición. Así, en los vuestros la palabra «rojos» evoca un cuadro tenebroso en el que van revueltas escenas de asesinatos, saqueos, violaciones e incendios. No está en ello mi sorpresa sino que nace y se detiene al ver estampada o impresa la palabra en los folios del sumario. Y me he preguntado: ¿entrará cargada con este lastre de maldad en el severo campo de la justicia? Es decir, cuando el señor juez, el señor fiscal usan la palabra rojo emplean una abreviatura que expresa el concepto «un comunista», «un sindicalista», «un socialista» que, en tanto no demuestre lo contrario, debe estimársele complicado en este grupo de crímenes.

Es el caso que yo no he pertenecido jamás a ninguna agrupación sindical ni política; no he sido partícipe de agrupación alguna encaminada a dicho fin, y mis relaciones con la política datan exactamente del 19 de julio de 1936. Claro es que en la medida de mis alcances he puesto freno a cualquier brutalidad estúpida de las que en la guerra se producen. Pero he estado al servicio de los titulados rojos, y la justicia para serlo habrá de tomarse en la porción de color ajena a esos significados y que tiene unos límites reducidos y muy concretos.

DE PERMISO EN GIJÓN

Como consta en el sumario llevaba yo dos o tres días en Gijón, disfrutando el permiso del verano cuando se produjeron los sucesos de julio; con motivo de ellos, quedé a las órdenes de la autoridad que estimaba legítima en aquellos momentos, el alcalde de la localidad, y por el cordón umbilical del deber ligado a una situación, la de adversario vuestro. No ignoro ahora, no ignoraba entonces, que con esa postura quedaba atado a más que a la faena de oposición a vuestros designios. Tenía la convicción de que con vuestro acto se entraba de lleno en una página inédita de la historia de España. Habíais abierto de par en par las puertas a un nuevo sistema económico-político-social para esas masas proletarias que teníais enfrente, y me prometí fidelidad para servir esa redención en la parte justa de sus afanes.

LEALTAD, NO TRAICIÓN

Volviendo al lenguaje de guerra en sentido diametralmente opuesto al anterior, los beligerantes emplean para su empeño adjetivos que integran el mayor número posible de voluntades. Denomináis el vuestro la «causa nacional» y también ha entrado la frase en los dominios de la justicia. En el sumario se me interrogó para que manifestara cuáles ayudas había prestado a la misma; y al pedir aclaraciones al señor juez sobre el significado de la frase e implicar «servicios o auxilios al adversario encaminados a favorecer éxitos suyos» manifesté «ninguno». Ninguno, porque en estimativa para mi conducta, la lealtad es de rango muy superior a la traición e indagando de traiciones llegaba la pregunta.

ESPAÑA, ANTE TODO

Pero si la frase la abultamos hasta que tome su recto sentido e inquirimos con ella en cual medida tuvimos en el pensamiento España, la Nación, las preocupaciones que pusimos en su patrimonio, los afanes que nos merecieron las personas por fuera de sus ideologías, responderé muy distinto. Digo que España no se ha apartado un momento de mi juicio, y en los menesteres de cuidar bienes y personas he gastado todo la mía hasta verla arrinconada como sospechosa de traición; todo ello seguro de servir con mejor eficacia la propia causa y nunca con la intención de prestaros un servicio. Otra pregunta del sumario inquiere se concrete la calidad de los servicios rendidos; si de armas, oficinas, etcétera..., al parecer concediendo primas de ventaja a quien los haya prestado más precarios. Me permito hacer notar que por esta ruta es fácil confundir la incapacidad o pobreza personal con la ponderación auténtica de las responsabilidades que en el fondo decís perseguir. La calidad de traidor o la impotencia para hacer son previas y más profundas que las ideologías. Son cualidades encapsuladas en la idiosincrasia del individuo y con ellas aflorará en el oficio, en la amistad o en la política.

Hay que preguntar a cada uno: la faena que te tocó ¿cómo la realizaste? De mí sé deciros, cuando a lo precario le aguarda un criterio más generoso, que he pasado mucho dolor en soledad, porque al verme tal cual soy, había de confesarme «me faltan luces, me faltan fuerzas para enfilar a puerto seguro y llevar la carga que las circunstancias han puesto sobre mis hombros». Ojalá en ambos beligerantes hubiera unas docenas de hombres más que capaces de promover y encauzar las generosidades que el alma nacional puede manar, enjaulando a la vez cuanto manifiesta de brutal y sanguinaria.

¿COMUNISTA O FASCISTA?

Os he detenido acaso demasiado en estas reflexiones, para mí muy entrañables, pues por este entender he sido zarandeado por el destino de los demás, con exceso a cuanto imaginéis. Fiel a esta conducta, para muchos de los que militan en vuestro campo yo tengo rasgos comunistoides y para algunos del propio soy un fascista disfrazado con gorro frigio. Todo depende del signo de los sucesos que haya en la escena.

Por suerte o por desgracia, como profesional ha opinado y actuado en mando de tropas en casi todos los sucesos que se han producido en estos últimos años: caso de Galán, instauración de la República, sucesos de agosto, octubre y los actuales. Los revolucionarios de cada hora me entendían como parcial en su contra. Los eventualmente afines, «sospechoso», pues carecía de aptitudes para seguirlos en el camino que estimaba de pasiones y resentimientos. Expresión del significado de esta conducta a través de los años es no haber logrado aún lo que tantísimos otros; algunos de los que os acompañan desde el comienzo de los sucesos, más de los que os han prestado aquellos servicios o auxilios a que hace referencia la requisitoria del sumario; ver reconocida en el diario oficial la lealtad de mis servicios a la República. Y conste que se los he prestado con toda generosidad y devoción, sin ninguna clase de reservas. No quiero que podáis imaginar en la expresión anterior un propósito de envolver mi conducta en nebulosidades, atisbando atenuantes en estos momentos. He sido íntegramente leal a su significado.

¿REBELIÓN?

Renuncio a entrar en si el señor juez y el señor fiscal han estado acertados al imputarme el delito de rebelión. No podemos imaginar al hombre disputando sobre sus derechos de ciudadanía solitario en el desierto; los ventila en relaciones de comunidad con sus semejantes.

El campo donde se ventila la categoría de Estado es el internacional. y en él, el 19 de julio de 1936 el español no tenía sino una representación: la de los poderes de la República a los que he tributado toda fidelidad. Rebelión ¿contra cuál compromiso adquirido voluntariamente o por imperio de la ley? Rebelión ¿cuál enlace imprescindible podéis hablar en mi conducta que una el 18 de julio y el 19? ¿De cuál brizna de conspiración para llegar a ese acto podéis acusarme? Es un delito que creáis por la fuerza y sobre toda razón. Termino. En la extensión del áspero y lurdo cañamazo que forma la existencia cotidiana del hombre corriente (la mía es de ese estilo) se entrecruzan hebras de oro, símbolo o expresión de esperanzas ardientes, y alegrías más o menos maduras de carácter particular y personal. Sobre él, figuras más delicadas, más valiosas, hay las que bordó el deber profesional en horas macizas vividas a pleno pulmón, imantadas todas las energías hacia fines ajenos a uno mismo, la Patria, el Ejército, la sociedad, y salidas de ese cáliz que en las entrañas de cada ser guarda lo mejor de los sentimientos y lo más elevado de las ideas.

LA LEY DE BRENO

En los momentos actuales, en este instante tajante que amenaza cortar el hilo de mi existencia, en lo íntimo no falta ese juicio insobornable que me dice «cualesquiera que sean los sucesos adversarios o favorables que te tomen, recíbelos en la seguridad de que tus actos y tus palabras a lo largo de esta terrible tragedia española no desmerecen de los más acendrados que en horas pretéritas pusiste al servicio de tu Patria. Y es este sentimiento, señores del consejo, el que me autoriza para rogaros, aunque en este caso particular hagáis excepción, que os apartéis para juzgar de esa bronca ley de Breno, por la que el vencedor no tiene por qué reconocer una brizna de derecho en el vencido, y más altos, pensando en la España de mañana, que o no será o los vencedores habrán de llamar a comunión a los vencidos; y en la de hoy, exangüe en sí misma, peón que adelantan diferentes naciones de Europa en la partida internacional y a favor de sus propios intereses y circulando en el mundo como el símbolo de los instintos brutales del hombre en rienda suelta, hagáis de la justicia hacienda aparte cuyas bordas no puedan alcanzar esos mastines de auténtica sangre española: el resentimiento, la venganza y la envidia.

VERDUGOS O VÍCTIMAS

Esta vida, tan en el aire, diérala gustoso sin reserva alguna, por aventar del cielo español esa a manera de sentencia bíblica que parece pesar sobre el signo de sus hombres; condenados a vivir a lo largo de la historia como cainitas y abelianos: hoy de verdugos, mañana de víctimas.

Obligado a comparecer ante este tribunal de un delito y unas agravantes culpable, mi ser íntegro responde: «En la conciencia no cruza la más leve sombra de esa responsabilidad; yo no soy ése». Me siento como un combatiente que, rezumando devoción a España, ha sido vencido y, por azares de la lucha, es prisionero de guerra en vuestras manos. De entrambos hombres tomad el auténtico y, desde el fondo moral insobornable vuestro, dictad sentencia.

Santander, 17 de noviembre de 1937.



[1] AMBOU, J.: Los comunistas en la resistencia nacional republicana. La guerra en Asturias, País Vasco y Santander. Silente, 2011, p.15.
[2] Ídem, p.61.
[3] GUTIÉRREZ, Jesús y GUDÍN, Enrique: "Cuatro derroteros militares de la Guerra Civil en Cantabria", en Monte Buciero, nº11, 2005, p.57.
[4] Ídem, p.58.


FUENTES


AMBOU, J.: Los comunistas en la resistencia nacional republicana. La guerra en Asturias, País Vasco y Santander. Silente, 2011.

GUTIÉRREZ, Jesús y GUDÍN, Enrique: "Cuatro derroteros militares de la Guerra Civil en Cantabria", en Monte Buciero, nº11, 2005, pp. 18-298.

LARUELO ROA, M.: Muertes paralelas. El destino trágico de los prohombres de la República. Gijón, 2004.

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