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martes, 2 de abril de 2013

La república mediatizada de Cuba (II): De Gómez hasta la Revolución de los sargentos (1909-1933)

 
La coalición del Partido Liberal con los antiguos moderados llevó a la presidencia, a comienzos de 1909, a José Miguel Gómez, el cual recibía las arcas nacionales exhaustas. El gobierno de los liberales pronto se vio salpicado por multitud de casos de corrupción, a lo cual se sumó la Ley de Defensa Nacional para acabar con la prensa opositora, así como la enmienda Morúa, que prohibía los partidos de color o religión, ilegalizando así el Partido Independiente de Color, hecho que desembocó en el alzamiento del 19 de mayo, principalmente en las poblaciones del área oriental de Cuba. Los estadounidenses trataron de efectuar un nuevo desembarco, pero el presidente Gómez se opuso tajantemente a la intervención. El ejército cubano enviado por Gómez aplastó el alzamiento, dejando tres mil muertos entre las personas de color.
 
 
Mario García Menocal.
 
La imagen de los liberales quedó muy tocada y su candidato para las elecciones de 1913, Zayas, fue derrotado por Mario García Menocal. Para Bethell, desarrolló una política de conservadurismo paternalista, si bien tuvo iniciativas interesantes como la lucha contra a corrupción oficial o el establecimiento del peso cubano como moneda. La buena marcha de las exportaciones durante la I Guerra Mundial permitió una mejora económica que le valió a Menocal el triunfo en las elecciones de noviembre de 1916, si bien parece ser que hubo fraude electoral, lo cual desembocó en un levantamiento liberal que acabó fracasando al ser aplastado con rapidez por el ejército -así como por el apoyo estadounidense a Menocal, llegando a desembarcar marines  que no llegaron a intervenir-.
 
Su segunda presidencia coincidió con la declaración de guerra a Alemania por parte de los Estados Unidos, a lo que se sumó el Gobierno de Cuba, seguida por la imposición del servicio militar obligatorio, abolido por su impopularidad un año más tarde. El fin de la I Guerra Mundial supuso una caída de las exportaciones y del precio del azúcar, por lo que Cuba entró en una crisis económica en 1920, año en el que quebraron los bancos cubanos.

En 1921 llega al poder Alfredo Zayas, líder del Partido Popular Cubano y, para Bethell, un abogado culto, oportunista, casi totalmente desprovisto de escrúpulos morales. Desde 1922, ante los acontecimientos revolucionaros de México, los universitarios de La Habana comenzaron a solicitar reformas para acabar con la corrupción política y la tutela estadounidense. La universidad fue caldo de cultivo para un espíritu reformista e idealista: en 1923 se produce una reforma universitaria gracias al esfuerzo de un grupo de universitarios liderados por Julio Antonio Mella, que pretendían la educación popular a través de la Universidad Popular José Martí. A estos se sumó, ese mismo año, la protesta de los trece, jóvenes intelectuales que criticaban la gestión de Zayas. Entre ellos surgió el Grupo Minorista, defensor del nacionalismo cubano y de la solidaridad iberoamericana frente al imperialismo estadounidense.


Gerardo Machado

Zayas fue derrotado en las elecciones de 1924 por Gerardo Machado. Su Gobierno impulsó leyes para proteger los productos cubanos, diversificar la agricultura y regular la industria azucarera. Los partidos del Congreso apoyaron su gestión, salvo la Unión Nacionalista del coronel Carlos Mendieta y el Partido Comunista. Para Sánchez-Barba, la moralización de la administración pública otorgó gran prestigio a Machado, lo que "produjo en su ánimo un endiosamiento que culmina en la apoteosis de 1927" cuando "dio un paso claro hacia la dictadura" (1). La ley de Reforma Constitucional prohibía la reelección a la presidencia después de que Machado estuviese diez años en el poder y se prohibió la candidatura a la presidencia de todos los partidos salvo el Liberal, Conservador y Popular. El 1 de noviembre de 1928, Machado fue reelegido por seis años. Pero sus ambiciones tropezaron con la crisis de 1929, la cual debilitó su posición. En 1930 nacía la revolución antimachadista. La violencia fue en aumento y la muerte del estudiante Rafael Trejo a manos de la policía otorgó un mártir a la causa, naciendo el terrorismo urbano. Nació así una nueva organización, joven y secreta, llamada ABC.

A medida que la crisis se agudizaba, el paro y la miseria se extendían por Cuba. También la crispación social y los enfrentamientos con la policía. La Semana Santa de 1933 fue el mayor momento de represión gubernamental. En ese momento, el presidente estadounidense Roosevelt envió al embajador S. Welles para que mediase entre el Gobierno y la oposición. Welles, apoyando las tesis de la oposición, demostró que Machado había perdido el respaldo estadounidense. El 4 de agosto se produjo una huelga general que paralizó La Habana. El día 12 se producía un levantamiento militar y Machado abandonaba el país.

El 4 de septiembre, tras el juramento de Carlos Miguel Céspedes como presidente interino, se producía el golpe de Estado del sargento Fulgencio Batista, junto a universitarios, la organización ABC y la unión revolucionaria. Se formó el Gobierno de la Pentarquía hasta el día diez, tras lo cual se hizo cargo de la presidencia Ramón Grau San Martín. Grau juró su cargo ante el pueblo y no en el palacio presidencial, evitando así jurar la constitución y la enmienda Platt. Por ello, Estados Unidos no reconoció su gobierno lo que supuso su caída. Batista organizó una nueva presidencia provisional, la de Carlos Hevia. El 18 de enero de 1934 se formó un gobierno de coalición presidido por Carlos Mendieta, reconocido por los Estados Unidos. En estos momentos fue importante la acción del secretario de Estado cubano, Cosme de la Torriente; y el embajador en Washington Manuel Márquez Sterling. En palabras de Belmonte, "iban a realizar el esfuerzo ingente de llevar a cabo la negociación del tratado que debía de reemplazar al acuerdo de la discutida enmienda Platt" (2). El 3 de febrero de 1934 la enmienda fue abrogada. Finalizaba el periodo conocido como la República mediatizada, pero la influencia estadounidense siguió vigente.



(1) SÁNCHEZ-BARBA, M., p.205.
(2) BELMONTE, J., p.38.


FUENTES


BELMONTE, J.: Historia Contemporánea de Iberoamérica. Tomo 2. Ediciones Guadarrama, 1971.
 
BETHELL, L.: Historia de América Latina. Vol.9´. Barcelona. Crítica, 1990.
 
FORNÉS, L.: Cien años de historia de Cuba (1898-1998). La Primera República (1899-1921). Madrid. Verbum, 2000.

SÁNCHEZ-BARBA, M.: Historia de América. Editorial Alhambra, 1981.
 
SKIDMORE, T.E.: Historia Contemporánea de América Latina. Barcelona. Crítica, 1996.

lunes, 25 de marzo de 2013

La república mediatizada de Cuba (I): Intervencionismo estadounidense, 1898-1909

Vamos a dedicar una serie de entradas al estudio de la independencia cubana respecto a la metrópoli, España, a finales del siglo XIX y cómo una serie de circunstancias llevaron al joven estado cubano a la subordinación ante la gran potencia que estaba surgiendo en su mismo continente, a tan solo ciento ochenta kilómetros al norte de sus costas: Los Estados Unidos.

El periodo comprendido entre la independencia cubana, en 1898, y el golpe de estado de 1933, se ha conocido tradicionalmente como la república mediatizada, en clara expresión de la aspiración que no llegó a convertirse en realidad, debido al intervencionismo económico y político que ejercieron los Estados Unidos. En la primera fase de existencia del joven estado de Cuba, entre 1898 y 1809, ese intervencionismo tuvo también un carácter militar.

Este periodo estuvo marcado por la influencia sistemática de los Estados Unidos. Aniquilada la soberanía española sobre Cuba, aquellos que habían combatido por un sueño independentista observaron que, al tiempo que las tropas españolas abandonaban la isla, los soldados estadounidenses se quedaban como garantes del orden, con lo que Cuba se adentró en el siglo XX sometida y ocupada militarmente.

En términos políticos, la inspiración en el modelo estadounidense se hizo notar: una república de carácter constitucional y democrático, con un sistema político bipartidista (liberales y moderados). El fin del gobierno militar estadounidense con la retirada de las tropas y la sustitución de su bandera por la cubana, el 20 de mayo de 1902, no fue sino un gesto hueco.

La clave de esta primera fase reside en un punto polémico y ultrajante que fue considerado como "la negación de la independencia": la Enmienda Platt. La introducción de tal enmienda en la constitución cubana, garantizaba la mediatización política y económica. Estos eran los puntos más cuestionables en cuanto a la injerencia estadounidense:

-Se negaba a Cuba el derecho a negociar tratados que afectasen a su independencia.
-Estados Unidos adquiría el derecho a intervenir para garantizar la independencia cubana y mantener un gobierno adecuado para el pueblo cubano.
-Cuba habría de vender a Estados Unidos las estaciones carboneras y navales que se le solicitasen.
-Cuba debía convalidar aquellas acciones que hubieran desarrollado los Estados Unidos durante la ocupación.

 Los préstamos estadounidenses y la adquisición de la producción azucarera por parte de empresas estadounidenses fueron subordinando la economía isleña -la producción azucarera constituía en torno al 80% de las divisas cubanas-, lo cual tuvo su culmen cuando el primer presidente de Cuba, Tomás Estrada Palma, firmó el arrendamiento de Guantánamo y Bahía Honda. Esta situación se agravó con el paso de los años hasta el punto de que, tal como indica Thomas E. Skidmore: "Era el Federal Reserve Bank de Atlanta el que realmente establecía la política monetaria de la isla, ya que las autoridades cubanas, en la práctica, habían entregado todo control sobre el movimiento de activos monetarios entre Cuba y EEUU".(1)

Primera página de la Enmienda Platt.

En 1906 se produjo la segunda intervención estadounidense. La reelección de Estrada en mayo, tras la retirada de la oposición liberal a causa de la violencia política de los moderados, llevó a la llamada guerrita de agosto, la cual supuso la dimisión de Estrada -al no obtener de T. Roosevelt más que el envío de dos mediadores- y, ante la situación de desgobierno, una nueva intervención militar que implicó, según Leslie Bethell, la consolidación de la mentalidad plattista, basada en la idea de que los cubanos no estaban preparados para autogobernarse. Durante este periodo, fue Charles E. Magoon el gobernador provisional de Cuba, el cual creó un Partido Conservador que sustituyese al Moderado y un ejército profesional. La intervención estadounidense no finalizó hasta enero de 1909, con la llegada a la presidencia del Gobierno de José Miguel Gómez.

Segunda página de la Enmienda Platt.

(1) SKIDMORE, T.: Historia Contemporánea de América Latina. Barcelona. Crítica, 1996, p.286.
FUENTES


BELMONTE, J.: Historia Contemporánea de Iberoamérica. Tomo 2. Ediciones Guadarrama, 1971.

BETHELL, L.: Historia de América Latina. Vol.9´. Barcelona. Crítica, 1990.

FORNÉS, L.: Cien años de historia de Cuba (1898-1998). La Primera República (1899-1921). Madrid. Verbum, 2000.

SÁNCHEZ-BARBA, M.: Historia de América. Editorial Alhambra, 1981.

SKIDMORE, T.E.: Historia Contemporánea de América Latina. Barcelona. Crítica, 1996.

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