miércoles, 6 de noviembre de 2013

Ruanda y el genocidio de 1994 (II): Paul Rusesabagina, el héroe del hotel des Mille Collines


 
 
En 1994, Paul Rusesabagina trabajaba como gerente del prestigioso hotel des Mille Collines, ubicado en la capital ruandesa de Kigali y perteneciente a la empresa belga Sabena. Paul era hutu, pero convivía pacíficamente con sus vecinos tutsis. De hecho, su mujer pertenecía a esta etnia. Eso le convertía en un hutu moderado, colectivo que figuraba como objetivo a eliminar en los planes de exterminio de los extremistas hutus.

La condición de hutu moderado era lo suficientemente abstracta como para que cualquiera medianamente hábil pasase desapercibido. Y él, en efecto, disponía de suficiente astucia y agilidad mental, condiciones inherentes a la dirección de un gran hotel donde, por otra parte, solían alojarse figuras influyentes del país. Esto brindó a Paul cierta influencia al disponer de contactos diplomáticos, empresariales y gubernamentales.

El 6 de abril de 1994 comenzó el Genocidio de Ruanda. Las matanzas, en buena parte a machetazos, discurrieron de la mano de las milicias hutu por todo Kigali. El barrio acomodado donde habitaba Paul junto a su familia no fue una excepción y veintiséis de sus vecinos acudieron a su hogar en busca de protección, conscientes de su condición de hutu y de su trato con figuras importantes del país. La situación se complicó en aquellos momentos:

"Mi mujer es tutsi, lo cual significaba que tanto ella como nuestros cuatro hijos corrían gravísimo peligro. Y al poco tiempo de presentarse todos [sus vecinos] en mi casa aparece un convoy de soldados en la puerta al mando de un joven y agresivo capitán."[1]

Paul logró convencer al capitán para que le llevasen junto a su familia y vecinos al hotel, con promesas de dinero a cambio de sus vidas. Acción que habría de repetir a lo largo de los cien días que siguieron. Pronto se corrió la voz entre los tutsis y hutus moderados del nuevo uso que se estaba dando al Mille Collines como refugio. Aquellos que gozaban de capacidad económica, costeaban su establecimiento como meros clientes. Sin embargo, la mayoría no disponía de posesión alguna, muchos eran niños cuyos padres habían sido asesinados. Con la ayuda del comandante de las fuerzas de UNAMIR, Roméo Dallaire, Paul logró extraer poco a poco a los refugiados fuera del país. En total, 1.268 personas se salvaron gracias su combinación de sobornos, contactos con líderes extremistas hutus y otras tretas, como la manipulación de los registros del hotel. Incluso, Paul tuvo ocasión de huir junto a su familia en un camión escoltado por las exiguas fuerzas de UNAMIR y, consciente de ser la única esperanza de los refugiados del hotel, decidió quedarse. Finalmente, el camión fue detenido por las milicias hutu y obligado a regresar al hotel, siendo golpeada toda su familia.

Tras cien días cercados, Paul, su familia y el resto de refugiados huyeron a Tanzania con la ayuda del Frente Patriótico de Ruanda (FPR). Desde 1996, Paul vive en Bélgica. Preside la fundación Hotel Rwanda Rusesabagina Foundation, que tiene por objetivo la reconciliación de los ruandeses y eliminar la posibilidad de un nuevo genocidio en la región de los Grandes Lagos de África.


[1] El País, 27 de febrero de 2005.

 
FUENTES
 
 

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